Home»NOTICIAS»Mons. Antúnez: “Ojalá que la vida nos enseñe también sanamente ‘a perder’. Gastar la vida, a perderla por los demás, porque es la mejor manera de salvarla, de cuidarla”

Mons. Antúnez: “Ojalá que la vida nos enseñe también sanamente ‘a perder’. Gastar la vida, a perderla por los demás, porque es la mejor manera de salvarla, de cuidarla”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en la homilía de la celebración de la Santa Misa que presidió en Radio 41 AM 1360 y en Radio María Uruguay, junto a los “Mensajes dominicales” de los Obispos del Uruguay, de este Domingo 15 de setiembre de 2024 (XXIV Domingo del tiempo durante el año)

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     8, 27-35

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»
Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».
«Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»
Pedro respondió: «Tú eres el Mesías». Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.
Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará».

Palabra del Señor.


Un saludo muy grande para toda la audiencia. En este Domingo el Evangelio nos coloca algunas preguntas que formula Jesús tanto a sus contemporáneos como a sus discípulos, que nos pueden venir muy bien. La primera pregunta es ¿Quién dice nuestro mundo que es Jesús? ¿Quién dice esta cultura del siglo XXI? ¿Quién dice esta cultura que ha colocado al ser humano al centro? Esta cultura con gran desarrollo tecnológico, con grandes problemas medioambientales, problemas de la guerra, de la inseguridad, problemas de equidad y otras tantas cuestiones que nos interpelan.

Tengo la sensación que no se formula esta pregunta, que se ha callado, que el ser humano y la mujer de hoy vive atravesado en la cultura del consumo, en el inmanentismo, en el aquí y ahora. Pero la siguiente pregunta es aún más importante ¿Quién es Jesús para ti? Para vos que estás escuchando este programa, para vos que estás un poco más cerca de la experiencia de Dios, ¿Quién es Jesús en tu vida? ¿Quién es en tu historia? Es una respuesta que no se la puede formular de manera racional. Es una respuesta afectiva del corazón, de las entrañas. Es una respuesta que ojalá tenga contenido de experiencia. Experiencia concreta de amor de Dios. Experiencia de compasión, de misericordia. Experiencia que Jesús en distintos momentos, ha salido a tu encuentro, en momentos sombríos y difíciles, ayudándote a cargar la cruz en momentos de consuelo, compartiendo la alegría contigo. Pedro en el Evangelio formula inspirado por el Espíritu Santo. Una respuesta que habla del Mesías, es decir, el Salvador, aquel que da sentido a tu vida. Aquel que muere y resucita por amor a nosotros. Aquel que, en definitiva, nos ama de una manera única. Y seguidamente Pedro, como tantos de nosotros, pasamos de estar inspirados por el Espíritu Santo a estar muchas veces tentados por el otro Espíritu, por las heridas, por los miedos, por esconder el dolor, por exaltar el hedonismo. El Señor comunica a sus discípulos que le espera delante la cruz, el dolor, la incomprensión, el sufrimiento.

Y Pedro, llamándolo aparte, intenta apartar a Jesús del misterio de la cruz, como nuestro tiempo, como nuestra cultura, donde el dolor es escondido, donde la muerte es dejada de lado, donde pareciera que no detectamos el valor redentor y salvador del sufrimiento. No hablamos del dolor de manera masoquista, sino del poder abrazar la cruz, la cruz tuya, la cruz de la humanidad de este mundo roto. La cruz que significa abrazar el límite, la enfermedad, el dolor, la dificultad. Abrazando la cruz abrazamos también al Resucitado. Abrazamos el misterio pascual en nuestra vida. Por lo tanto, vamos a pedir esta gracia, tanto la de confesar a Jesús como el Mesías, la de reconocerlo a Él crucificado y resucitado por amor a nosotros.

Esto supone, en el fondo del corazón, una gran dinámica cada uno de nosotros de negación, negación del propio ego, negación del narcisismo, negación del individualismo. El que renuncie a sí mismo, dice el Evangelio, es decir, renunciar a esta dimensión del mundo placentera, al mero disfrute de los sentidos, al individualismo des comprometido de la realidad a esta cultura adictiva, es decir, el que renuncie a ciertas dimensiones que el mundo hoy presenta como felicidad y cargue la cruz, ese se salvará, es decir, es la sabiduría que viene de la cruz, una sabiduría que viene de lo alto, que reconoce misteriosamente la fuerza sanadora de la cruz, la fuerza sapiencial de la cruz.

Por último, la pregunta que es ganar para nosotros y qué es perder. Muchas veces en la vida será perder, perder al lado de un amigo que está en la mala. Perder entre comillas tiempo por otros, perder comodidades por los demás. Perder en esta cultura exitista, abrazando el fracaso también como dinámica de aprendizaje. Perder. Ojalá que la vida nos enseñe también sanamente a perder, entre comillas. Ir a gastar la vida, a perderla por los demás, porque es la mejor manera de salvarla, de cuidarla, de atesorar tesoros en el cielo y que Dios nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.