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Fiesta del Cura de Ars, homilía del P. Gabriel Rainusso: “Le doy gracias a todos, porque me permitieron ser sacerdote con ustedes”

Este jueves 8 de agosto, se realizó la tradicional celebración en el Seminario Interdiocesano Cristo Rey, de la fiesta del santo Cura de Ars, san Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes (4 de agosto).

La festividad fue una oportunidad para que presbíteros de todo el país se encontraran y compartieran un momento en torno a su santo patrono.

La celebración de la Santa Misa fue presidida por el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo y concelebrada por varios obispos y sacerdotes uruguayos, mientras que la homilía estivo a cargo del P. Gabriel Rainusso, vicario general de nuestra Diócesis, y quien recientemente cumpliera 25 años de ministerio sacerdotal.

Posteriormente se compartió un almuerzo y también se disfrutó de la magia de “Daniel K”. 

Compartimos el texto de la homilía del Padre Gabriel Rainusso

Guillermo y William me pidieron que compartiera mi vocación sacerdotal en este año. Así preparé una pequeña síntesis, con la idea de compartir la vida.

25 años de sacerdote los viví en la ciudad de Trinidad, en el departamento de Flores, casi en su mayoría en la Pquia N. S. de Luján. Cuando hablaba con algunos sacerdotes mayores ¿dónde estaba? enseguida la identificaban como la Pquia. del P. Pécora, y si lo hacía con otros más jóvenes, la identificaban como la Pquia. del P. Javier.

Sin ninguna duda los dos, habían marcado la vida de esa Comunidad. Cada uno con su estilo diferente. El P. Pécora con su sencillez, su austeridad y sobre todo con haber abierto las puertas de la parroquia para que todos los damnificados de un tornado que afectó mucho Trinidad por los años 70,  pudieran tener su techo hasta que se pudieran arreglar el suyo propio: una verdadera Iglesia de puertas abiertas!!! El P. Javier le aportó expresiones de religiosidad popular que tocaban las fibras más queridas de los floresinos como es: la participación en una Peregrinación caminando a un Cerro que tenía una rica tradición misionera y una Peregrinación en bicicleta a la gruta de la Virgen que se unía al ser y quehacer diario en bicicleta, de cada trinitario. Esto fue haciendo una Pquia popular, con su dinámica propia.

Antes de ser párroco de esta parroquia, estuve dos años de Vicario en Luján, acompañando a Javier  y dos años de Vicario de la Pquia Sma Trinidad con un referente como el P. Ferrero que con sus 42 años de párroco y junto con el P. Pécora marcaron la fe del pueblo de Flores.

Estas dos etapas de Vicario, me ayudaron a ver el departamento, uno podría decir:  “con la visión del centro” (Sma Trinidad) y también la “visión del “barrio”” (Luján). Esta visión más global me ayudó mucho a ser párroco por 21 años en N. S. de Luján, que es  más una parroquia en un barrio, sencillo y humilde.

Una de las 1eras iniciativas que la Comunidad me pidió, fue acompañar a la Pastoral Penitenciaria. Una cárcel de mínima seguridad, pero que también tenía momentos dónde las autoridades penitenciarias limitaban bastante lo que se hiciera. Ahí palpé cómo Dios toma todas nuestras miserias, las carga y nos invita a un camino de purificación y salvación. Es gratificante también ver algún interno que cumpliendo su pena, rehacía su vida, rearmaba su familia y se integraba a la vida social. En su sonrisa también uno sentía la sonrisa de Dios que nos decía: ¡me fuiste a visitar! También siento esta alegría al preparar los ministros de la eucaristía o al realizar la visita a un enfermo. ¡Siento que Dios me sonríe y nos sonríe en esos gestos de Misericordia!

Como a muchos, me ha tocado arreglar algo en la parroquia, en la casa parroquial, o también hacer algún emprendimiento de construir. Siempre vi que la ayuda de Dios llegaba, cuando daba todo de mi parte. Su providencia es como su Misericordia: ¡eterna! También la ayuda de la gente en estos momentos, hace sentir la cercanía de Dios y  me invitaba a comunicarme así con el mundo obrero, comercial, sacándome de “mi zona de confort”.

 Sin lugar a dudas uno de los desafíos principales en una parroquia, es la evangelización en las diversas edades y asumir el desafío de comunicar la vida nueva en Cristo desde el niño hasta el adulto pasando por todas las etapas. ¡Le pido este don a Dios: comunicar la fe en la etapa que a cada uno le toca vivir! Uno de los cambios más significativos que podemos ver es en la etapa de la adolescencia y la juventud, donde pasaba de que se sentían invitados por un mensaje radial o televisivo a una actividad parroquial, a que se sienten invitados sólo si reciben una invitación más directa y cercana, a través de un amigo, compañero o por las redes sociales. Con ellos siento el desafío del pasaje de un “mundo sacramentalizado” a un  mundo que pide una evangelización más directa.

¡Esto implica también el desafío de formar la Comunidad, de formar agentes pastorales que colaboren en la construcción del Reino de Dios! Un gran desafío!!

La atención a los más vulnerables, es una riqueza que Dios me ha dado. En su sonrisa Dios nos dice: Tuve hambre y me distes de comer, de beber, un abrigo, etc. ¡Llena el alma! y más cuando se encuentra alguno que quiere ser ayudado y acompañado en los estudios y en la vida de fe. Uno los puede ir viendo crecer en la integración a la Comunidad, a la sociedad y qué alegría cuando ellos dicen: no voy más al comedor porque ya conseguí trabajo, y con él sostengo a mi familia o hasta incluso tengo un estudio que estoy haciendo o una profesión. La humanización del otro me llena la vida, siempre dar una mano vale la pena, pero cuando se ven sus frutos “me parece que me fortalece más en el servicio”.

Dios  permitió que hiciera la carrera de Medicina, antes de ser sacerdote. Ésta me permitió conocer más las necesidades del pueblo, sus dificultades para después “mostrarles en lo que pude el camino hacia Dios”. Me gusta mucho la Medicina y lo que pude hacer desde ahí, pero le doy más gracias a Dios de haberme elegido para ser sacerdote, me siento feliz de serlo, sabiendo que se presentan dificultades. Tomo las palabras de S. Agustín que dice: “pídeme lo que quieras y dame lo que me pides”

La oración y la Eucaristía comunitaria son los lugares donde vuelco las alegrías, también las dificultades y la búsqueda de caminos nuevos a transitar.

La “Iglesia de  Flores”, por situarla de alguna manera,  goza de una buena relación con las autoridades departamentales, que viene de larga data. No porque se les dice que sí a todo, sino porque estando bien con ellos, ésto ayuda a servir mejor al que está más abajo. Lo percibo como una manera de ser puente, mediador.

Las comisiones pastorales tanto a nivel diocesano como nacional, la ayuda que en su momento pude hacer a la facultad de Teología, era como instancias de formación permanente que me ayudaban a actualizarme, estar mejor informado de la realidad eclesial y del mundo, para después servir mejor.

El acompañamiento personal, ha sido y es un instrumento que me ayudó mucho a crecer como persona, como sacerdote y también que veo que las personas que lo piden, les hace mucho bien.

Desde que conocí la vida y la historia de Jacinto Vera con el P. Villegas en sus clases de Historia de la Iglesia, se ha transformado para mí en un referente en su misión incansable de llevar el Amor de Dios a los demás y a todos los que se pueda. Como lo hacía el Cura de Ars de querer a la gente para que después la gente termine queriendo a Dios.

Le doy gracias a todos, porque me permitieron ser sacerdote con ustedes y tomando las palabras del Papa Francisco les pido que recen por mí y como dice ahora de forma positiva, en la nueva misión que me toca ahora en el departamento de San José. Muchas gracias!!!