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Una fiesta de la Diócesis: Ordenación sacerdotal de Carlos Molina

San José de Mayo, 7 de setiembre de 2025.

La Catedral de San José se llenó de fieles, sacerdotes y obispos que llegaron desde distintos puntos del país para acompañar con gozo la ordenación sacerdotal del diácono Carlos Washington Molina De León, en el XXIII Domingo del Tiempo Durante el Año.

La celebración, presidida por el Obispo diocesano Mons. Fabián Antúnez SJ, tuvo como concelebrantes principales al cardenal Daniel Sturla, arzobispo Metropolitano de Montevideo y al obispo Arturo Fajardo, actual obispo de la Diócesis de Salto y quien fue IV Obispo de la Diócesis de San José de Mayo (2007-2020), además de Mons. Alberto Sanguinetti, obispo emérito de Canelones, junto a numerosos sacerdotes y diáconos. La presencia de familias, comunidades parroquiales, religiosas y seminaristas dio a la celebración un carácter de fiesta de iglesia y comunitaria.

Una liturgia solemne y participativa
La misa comenzó con la procesión de entrada, acompañada por el canto de entrada, que dio paso al saludo inicial y al acto penitencial. En la Liturgia de la Palabra, las lecturas del Libro de la Sabiduría, la carta a Filemón y el Evangelio de Lucas subrayaron la radicalidad de la entrega y el seguimiento de Cristo. La asamblea acogió con fe la proclamación del Evangelio: “El que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

La homilía: una llamada al servicio y a la entrega
En su homilía, Mons. Fabián Antúnez se dirigió con afecto al ordenando, resaltando que la vocación sacerdotal es un don que se vive en comunión con toda la Iglesia.

“El sacerdocio que hoy recibes no es un privilegio, sino un servicio. No te pertenece: es para el Pueblo de Dios”, expresó. Recordó que el presbítero está llamado a ser ministro de la Palabra, de los sacramentos y de la caridad pastoral, y lo animó a vivir con fidelidad la oración, la cercanía a los más pobres y la comunión con el Obispo y sus hermanos sacerdotes.

“Configúrate cada día con Cristo Buen Pastor. Sé para tu comunidad reflejo de lo que celebras en el altar: pan partido y vino derramado para la vida del mundo”, exhortó, invitando también a los presentes a sostener con su oración a los nuevos sacerdotes.

Homilía de Mons. Antúnez en la ordenación sacerdotal de Carlos Molina
Basílica Catedral de San José, 07/09/2025

Nos reunimos como comunidad diocesana para dar gracias al Señor por la vocación de Carlos, por la fidelidad de Dios, por su misericordia, por insistir con paciencia en el llamado y por su respuesta, por su sí que hoy nos llena de esperanza. Nos mueve la gratitud a quienes han sido rostro concreto del Señor en su historia, por sus formadores en el seminario, por su familia, amigos y quienes han modelado su corazón a lo largo de su historia: las hermanas de Cristo Rey en su origen en la fe, el P. Ferrero y tantos otros testigos que alimentan su deseo de consagración.

En su corazón de hombre contemplativo fue amasando esta historia de dejarse transformar por el Señor, dejarse modelar en lo sencillo de cada día. Carlos es una persona de cercanía, de escucha, de sensibilidad para el encuentro interpersonal y para tejer vínculos en el “mano a mano”.  Esto aparentemente poco ostensible a los ojos del mundo constituye una gracia linda desde un liderazgo que se plasma en el servicio oculto, en el desprendimiento, en un amor que se juega en los gestos.

Una imagen bella que puede reflejar el pastoreo de Carlos es el de “tender puentes”, construir fraternidad, crear espacios de consolación sencillos en la comunidad. En el fondo de su corazón se siente un pecador perdonado, alguien al que el Señor tuvo paciencia para irlo llevando de a poco, para insistir en su llamado, para buscarlo con amor entrañable. Su historia sabe de resiliencia, de apostar a los deseos, de caminar en fragilidad, de vivir la experiencia honda de la providencia de Dios que le sale al encuentro.

Deseo que Dios te conceda la gracia, de seguir viviendo los vínculos humanos desde abajo, con actitud del servidor que ayuda a crecer al otro, que le permite abrirse, comunicarse y sanar heridas. Nunca olvides tus raíces, no pierdas la memoria fecunda de tu identidad y sigue cultivando la gracia tan linda que te fue regalada de construir fraternidad. Tu corazón de humilde servidor nos hace bien, nos inspira bondad, nos estimula a la compasión, nos refleja en definitiva al Señor de la paciencia al que le tenes particular devoción.

En el evangelio se nos habla de cargar la cruz, asumiendo el límite, la enfermedad, las humillaciones, el fracaso, la falta de frutos. Se nos destaca la centralidad del Señor, la necesidad de ordenar los afectos para que Él sea el motivo último de nuestro gozo. A la luz de la palabra de Dios, deseo que sigas dejándote modelar por el Señor, que continúe inspirando en lo profundo de tu sensibilidad la belleza de pertenecerle, de vivir con un amor indiviso a El y desde su corazón amar a los más frágiles de la sociedad. Carlo Acutis que hoy celebramos junto a la iglesia su canonización nos recordaba: “La tristeza es la mirada hacia sí mismo y la felicidad es la mirada hacia Dios” …Que puedas siempre definirte en relación al Señor, que tu vida sea un reflejar siempre su mirada.

Se nos pone delante en el evangelio dos ejemplos: el que tiene que proyectar una torre…el que sale en campaña. Es una invitación al conocimiento de nosotros mismos, de nuestra capacidad de perseverancia en los propósitos, de la profundidad de nuestros deseos, de asumir los costos inherentes al discipulado. Deseo que seas siempre un consagrado lúcido, con momentos de estar ante el Señor en silencio para que El te siga unificando por dentro.

En la primera imagen de la construcción de la torre, se nos invita a tener buenos cimientos, raíces firmes capaces de enfrentar las inevitables crisis que la vida nos invita a transitar, tener la capacidad de navegar en medio de las tormentas, de las oscuridades, enfrentar los desafíos de madurar en cada una de las etapas vitales que nos toca transitar.

Muchas veces nos sucede que emprendemos mucho sin método, nos dejamos ganar de impulsos sin consistencia. Puede suceder asimismo que presumamos de nuestras fuerzas, nuestras capacidades y experimentemos duramente las sorpresas de la vida, de no estar a la altura de las circunstancias, de claudicar ante las presiones del entorno, de quedar postrados sin capacidad de continuar adelante. Deseo para ti Carlos que una y otra vez acudas al Señor, que en El encuentres el refugio, que sepas siempre dejarte mirar y levantarte de las caídas. 

La siguiente imagen es la de aquel que tiene que enfrentar una batalla y tiene que considerar sus fuerzas. Parte del desafío será el de conocer al enemigo, que en la imagen del combate espiritual es el mal espíritu, aquel que nos divide por dentro, que nos enreda, que nos presenta falsas razones, que nos quita la autoestima y nos dice que no valemos… Conocer al enemigo para enfrentar la lucha, para buscar con las armas de Dios la posibilidad de vencer, para encontrar la paz del corazón que emerge del vencimiento a nosotros mismos.

Desde ese silencio empático deseo que sigas cultivando la compasión, el detectar la belleza en el misterio de la pasión y la fragilidad de las vidas que te serán confiadas para que las pastorees. En tu amor consagrado deseo que sigas experimentando el regalo del Señor en la sobreabundancia, que puedas desde el corazón sapiencial gustar de los nombres, rostros, historias de aquellos que te fueron confiados para conducirlos hacia el corazón abierto del Señor.  Ruego a Dios que te sigas maravillando del misterio de Dios en tu vida, que sigas animándote a caminar fiado de una promesa y contemples con gratitud tu descendencia.  

El amor supondrá renuncias, aceptación de los costos de las decisiones que tomamos, capacidad de permanecer aun cuando el principio de placer se vea cuestionado por el dolor. Allí deseo para vos la perseverancia que el Señor regala como gracia.  

Conversando meditábamos de la importancia de no “apoderarnos de lo divino”, ser reflejo de algo que nos trasciende, pero que misteriosamente necesita de nuestra mediación. Deseo que, al celebrar los sacramentos, puedas sentir la enorme delicadeza de Dios que trabaja desde nuestra pequeñez, que abraza nuestro límite y nos potencia.

Tu lema nos remite al respeto profundo del Señor por la persona humana: “Yo tampoco te condeno”, dice el Señor a la mujer en la escena de la acusación de los hombres religiosos de su tiempo. Deseo que jamás negocies la misericordia, que va íntimamente unida a la verdad, que sabe de paciencia frente a los demás, que conoce que la vida es proceso, que sabe que caminamos los seres humanos tratando de integrar los claroscuros de la existencia.  

Tu ordenación, ocurre en este contexto del año jubilar que nos invita a entrar en la lógica compasiva de Dios, ser puente para que otros puedan encontrar el bálsamo del consuelo que necesitan. Nos encomendamos a la protección de la virgen santísima, que ella siga cuidando de tu madre, que le retribuya con generosidad el haber entregado a su hijo. Que ella mujer de memoria te permita atesorar en el corazón tanta gracia recibida y eso estimule tu generosidad. Todos nos confiamos a su maternal protección y a San José para que bendiga tu ministerio sacerdotal en nuestra diócesis. 

El rito de ordenación
Con la llamada al candidato por parte del P. William Villarino, vicerrector del Seminario Mayor Interdiocesano Cristo Rey, Carlos respondió con firmeza: “Aquí estoy”. Después de manifestar públicamente sus promesas, se postró en el suelo mientras toda la asamblea entonaba las Letanías de los Santos, en un gesto de entrega confiada al Señor.

Llegó entonces el momento más significativo: la imposición de manos y la plegaria de ordenación. Mons. Antúnez seguido por todos los sacerdotes presentes, impuso sus manos en silencio sobre la cabeza de Carlos, invocando al Espíritu Santo. Seguidamente, fue revestido con la estola sacerdotal y la casulla, ungido en sus manos con el Santo Crisma y recibió el pan y el vino para la celebración eucarística.

El abrazo fraterno de Mons. Fabián y de todos los sacerdotes presentes selló su incorporación al presbiterio diocesano, en medio de los aplausos y el canto de la asamblea.

Acción de gracias del nuevo sacerdote
Al finalizar la misa, el padre Carlos Molina dirigió unas sentidas palabras de gratitud. Conmovido, agradeció en primer lugar a Dios por haberlo sostenido en su vocación, y a la Virgen María, “que siempre acompañó mis pasos con ternura de madre”.

Dirigiéndose a su familia, destacó el ejemplo de fe recibido en el hogar y el apoyo constante de su madre y hermanos. Reconoció también el testimonio de sus formadores en el seminario y de los sacerdotes que lo acompañaron en su camino vocacional.
“Hoy no llego solo. Traigo conmigo a tantas comunidades que me han enseñado a servir, a escuchar, a esperar y a confiar en el Señor. Cuenten siempre conmigo para caminar juntos en la fe”, dijo. Además, tuvo unas palabras de agradecimiento a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, del Cottolengo Don Orione, “que en este último tiempo me han integrado a su comunidad:  gracias, hermanas, por dar su vida por cada una de las chicas”, terminando con una frase ‘AVE MARIA Y ……’, lo que fue respondido por todas las chicas del Cottolengo femenino, despertando un prolongado aplauso de los fieles.

ACCIÓN DE GRACIAS
P. Carlos Molina

En primer lugar, quiero darle gracias a Dios por el don de la vida. Por amarme y perdonarme, y en este día, especialmente por haberme llamado a ser instrumento de su Misericordia desde el sacerdocio ministerial.

Para que así ser testigo de su amor en este mundo, que cada vez pierde más el sentido de lo trascendente. Nuestra vida tiene sentido, y ese sentido es Jesús, quien nos ama de manera particular a cada uno de nosotros y nos ha salvado.

Gracias a la Iglesia, que me ha recibido e integrado en su seno maternal. Gracias a Monseñor Arturo Fajardo que me recibió en la diócesis, y hoy un agradecimiento especialmente a Monseñor Fabian Antúnez actual Obispo diocesano, por su cercanía, entrega, y por ser mi compañero de comunidad.

Gracias a mi familia, por haberme mostrado que siempre hay que seguir luchando.

Gracias, mamá por haberme introducido a la fe, por darme a conocer a Dios.

Gracias a mis amigos a los de toda la vida, y a los amigos de la fe.

Gracias al seminario mayor interdiocesano Cristo Rey. Gracias a los formadores y a los acompañantes espirituales. Pero, sobre todo, gracias a mis hermanos seminaristas, verdaderos hombres de Dios, que son el futuro y presente de la Iglesia.

Gracias también a mis hermanos del seminario Redemptoris Mater.

Gracias a la Facultad de Teología, donde aprendí a profundizar mi experiencia de Dios a través de las SSEE, la Tradición y el Magisterio vivo de la Iglesia. Y por, sobre todo, aprender a comunicar a todos los hombres, que Cristo viene a colmar todos los anhelos del corazón humano.

Gracias a todos los lugares que me han formado.  En especial a mis camaradas de la Policía Nacional, los cuales me enseñaron la disciplina, la lealtad, y el espíritu de cuerpo. Son sellos que me han impregnado en forma indelebles en mi vida.

Gracias a las parroquias:

De la Santísima Trinidad

Nuestra Señora de Lourdes y San Eugenio de Mazenod.

A la parroquia Catedral.

También a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes y San Rafael. Gracias a todas las comunidades que me han acompañado.

Gracias a las hermanas catequistas de Cristo Rey. Gracias por acompañarme en mis primeros pasos, cuando era niño.

A las hermanas Misioneras de Jesús Eterno Sacerdote. Mujeres que dan su vida por Jesús y por los sacerdotes enfermos, con mucha paciencia y amor, y que reconocen en los sacerdotes enfermos al mismo Cristo pobre.

Gracias especialmente a las pequeñas hermanas misioneras de la caridad, del Cottolengo Don Orione, que en este último tiempo me han integrado a su comunidad:  gracias, hermanas, por dar su vida por cada una de las chicas.

Gracias a todos y cada uno de ustedes que están hoy acá. Los que han venido de cerca y los que han venido de lejos, y a los que están siguiendo la transmisión en vivo. Le doy gracias a Dios por el don de sus vidas.

El sacerdocio ministerial que hoy he recibido no es mío, no es para mí, sino para ustedes, para cada uno de ustedes, para toda la Iglesia, para servir a toda la humanidad. Recuerden siempre que cada uno de ustedes es valioso, y que son amados por Dios, y por un Dios que es amante de la humanidad.

Por eso le pido a Dios, que, como lo hizo María, nosotros también busquemos siempre cumplir su Palabra, …. AVE MARIA Y …..

¡Muchas gracias!

Una fiesta de toda la diócesis
La celebración concluyó con la bendición solemne y la procesión final, que se extendió en un clima de alegría y de fiesta hacia el atrio de la Catedral. Allí, los fieles acompañaron al nuevo sacerdote, que fue saludado uno por uno por los presentes.

Luego, en el Hogar Católico, la jornada continuó con un encuentro fraterno y un brindis comunitario.

El padre Carlos presidirá su primera misa en la Parroquia Santísima Trinidad de Flores, el lunes 8 de setiembre a las 10 de la mañana, marcando así el inicio de su ministerio presbiteral al servicio del Pueblo de Dios.


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