Mons. Antúnez: “Tengamos en cuenta que el Señor camina a nuestro lado, estemos atentos, pidiendo la gracia de la lucidez para reconocer sus preguntas, sus llamados, sus mociones”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Momento de reflexión” en radio 41 AM 1360 de este Domingo 19 de abril de 2026, III Domingo de Pascua.
Un saludo muy grande para toda la audiencia. Seguimos transitando este tiempo pascual. Un regalo que la Iglesia nos dona, nos ofrece para pedir la gracia de la alegría. La alegría con Cristo resucitado. Un don para nosotros que es apostólico, es para la misión que supone el abrir sitio y el dejarnos habitar por el Espíritu Santo, que es el que nos saca fuera de nuestras tristezas, desesperanzas, desilusiones, frustraciones.
A lo largo de estos días pascuales, el Señor va teniendo distintas apariciones donde trata de consolar el corazón de sus discípulos. En el Evangelio de este domingo se nos presenta la escena de dos de sus discípulos que dejan la comunidad con el corazón desesperanzado. Ellos en su relato más adelante van a decir que esperaban, esperaban en Jesús y ya no esperan. Quizás como muchas de las dimensiones de nuestro corazón, donde frente a heridas, frente a oscuridades, frente a las pruebas de la vida, frente a momentos de duelo, podemos sentir una experiencia similar a la de estos dos discípulos. El corazón deja de esperar y cuando el corazón deja de esperar, se queda enquistado en la tristeza, en el pesimismo existencial y no se abre a la posibilidad de la novedad que trae consigo el Resucitado.
En estos casos, estos dos discípulos van hacia Emaús, salen de la comunidad Jerusalén y van a Emaús. Emaús puede para cada uno de nosotros ser cualquier lugar en el que buscamos. Muchas veces la alienación en la vida. Nos encerramos, nos enquistamos, elegimos el mutismo, perdemos la esperanza y el corazón ya no quiere sufrir ni dejar capacidad para el asombro. ¿Cuáles son los Emaús en nuestra vida? Poder reconocerlos, nombrarlos, identificarlos, aquellos lugares existenciales hacia los que escapamos en la vida y que nos alejan de la comunidad, de la fidelidad a nosotros mismos. De la cruz también, pero de la resurrección.
El Señor camina a nuestro lado. Uno de los signos del Resucitado es que suscita preguntas en el corazón para tratar de ayudarnos a salir de nuestros ensimismamientos. La pregunta en este caso es ¿Qué vienen comentando por el camino, así como nos dijera de qué viene hablando tu corazón? ¿Qué viene rumiando? ¿Qué viene sintiendo? ¿Qué viene experimentando? Los discípulos, de los cuales conocemos el nombre de uno de ellos, Cleofás. Abren su corazón al Señor que va caminando al lado, pero sus ojos entristecidos y su corazón cerrado no lo pueden reconocer. ¿Eres tú el único que no conoce lo que ha sucedido en Jerusalén? Jesús camina a su lado resucitado y ellos traen narrativas de la experiencia de la Pasión. Jesús está vivo al lado de ellos, pero su corazón, sus sentidos, quedaron fijados en la experiencia de la pasión. Nos sucede muchas veces a cada uno de nosotros que buscamos a Jesús en zonas de muerte, cuando Él está en la vida surgente, cuando Él está en la sanación, en la compasión, en la restauración. El Señor escucha sus dolores, sus quejas y los ayuda a reinterpretar el dolor en una clave existencial de salvación. Los ayuda a entender el misterio de la cruz y también a entender el misterio de la resurrección.
Afortunadamente, estos dos hombres, cabizbajos y entristecidos, tienen el don de la hospitalidad e invitan a entrar a este forastero porque se hace tarde. Y allí sucede el milagro más hermoso, el que definitivamente abre sus ojos a la contemplación, donde el Señor vuelve a reproducir los gestos de la Eucaristía, toma el pan, lo parte y ellos así mismo dicen Solo el Señor puede hacerlo de esta manera. Solo así, solo de este modo. Y sus ojos adquieren nueva lumbre, y su corazón adquiere alegría, y se preguntan cómo no ardían nuestros corazones recuperan la pasión, recuperan la ilusión, recuperan el asombro y aquellos que iban caminando cansinos y entristecidos a Emaús, vuelven contentos, corriendo a Jerusalén a anunciar a otros que el Señor vive y está en medio nuestro. Podamos también cada uno de nosotros ir haciendo este proceso pedagógico del corazón de la tristeza a la alegría, de la desilusión a la esperanza de la fuga y el encierro a volver a la comunidad. Tengamos en cuenta que el Señor camina a nuestro lado, estemos atentos, estemos pidiendo la gracia de la lucidez para reconocer sus preguntas, sus llamados, sus mociones, y que el Señor nos siga bendiciendo en este tiempo Pascual. Él que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.