Mons. Antúnez: “Te invito a que te cuestiones la dimensión de la compasión, a que aproveches el tiempo presente y que fundamentalmente, no te olvides de los más frágiles”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Palabra de Vida” en Puerto de Encuentro (Radio María Uruguay y Radio Manía) y “Momento de reflexión”en Radio 41 AM 1360, de este Domingo 28 de setiembre de 2025 (XXVI Domingo del tiempo durante el año).
Un saludo muy grande para toda la audiencia desde Medjugorje, donde hemos compartido una experiencia muy linda de peregrinación en estos últimos días junto a un grupo venido de diversas diócesis del Uruguay, que hemos sido testigos de una experiencia muy honda, muy profunda, espiritual, con tantísima gente que se acerca al sacramento de la Reconciliación, que celebra la Eucaristía, que vuelve a la experiencia de la adoración al Cristo presente en el pan consagrado que se nos dona, que se nos ofrece, que se nos entrega para que lo adoremos desde un corazón muy cerca de Dios. En la experiencia concreta de la Virgen Santísima que ha elegido este lugar para manifestar un llamado una vez más a la paz en el mundo. Quiero compartirles algunas pequeñas reflexiones del Evangelio de este domingo.
Lo central del Evangelio está dado en la experiencia de la compasión. Compasión que tiene que ver con el padecer con el otro, que tiene que ver con la fraternidad, con la experiencia concreta de que nuestra fe baje al corazón y baje a las manos. Los personajes centrales del Evangelio son dos un rico del cual no se pronuncia el nombre y un pobre llamado Lázaro. La experiencia de la desigualdad en los bienes de la tierra, la influencia social en las oportunidades. El rico que celebra espléndidos banquetes junto a personas de ocasión y el pobre que al menos desea algo de los alimentos que caen de la mesa de los ricos. Te invito a que contemples esta escena y que te ubiques también en la misma donde estamos cada uno de nosotros en esta escena evangélica. ¿Cómo está nuestro corazón de cara a la experiencia de compartir los bienes de la Tierra? ¿Nuestro corazón sigue vibrando con las necesidades del otro o hemos perdido la capacidad de detectar la mirada del indigente, del frágil, del forastero, de la viuda, del pobre?
Este rico se cierra en la experiencia de vivir junto a las personas de su misma condición social. El disfrute de los banquetes, de las fiestas, de los sentidos. Pero la vida es provisoria. La vida es transitoria y en un momento hay que rendir cuenta de qué hemos hecho con los dones, con los talentos y con las cualidades vividas. Por lo tanto, la siguiente imagen es la imagen del juicio. El juicio donde el pobre de nombre Lázaro goza de la presencia redentora junto a Dios, salvadora junto a Dios, en la vida eterna de Cristo, de todos los santos y los profetas que precedieron al Señor. En el camino de la Buena Noticia del Evangelio.
Por el contrario, el rico que se cerró a la gracia de Dios, que se cerró al encuentro con el otro, la imagen que nos brinda es la dimensión infernal, es decir, aquel que vive en la soledad, en el egoísmo y que no goza ya de la vida eterna. Por lo tanto, te invito a que te preguntes ¿cómo quieres vivir la vida en los años que Dios permite que vivas? ¿Qué estás haciendo con los dones, talentos y cualidades que Dios te ofrece? ¿Cómo estás viviendo la dimensión de la compasión? ¿Dónde está tu corazón? ¿Cómo compartes o no los dinero, el dinero, los bienes de la tierra y todo aquello que estás invitado a vivir en una dimensión universal de distribución de los mismos? Aprovechar el tiempo presente es la clave de lectura de la realidad. Escuchar a los profetas de nuestro tiempo, aquellos que desde su testimonio de vida entregada, una Madre Teresa, el Beato Jacinto Vera y tantos que en nuestro tiempo han vivido con radicalidad la dimensión del amor, nos invitan justamente a vivir la vida en clave de eternidad. Te invito a que te cuestiones la dimensión de la compasión, a que aproveches el tiempo presente y que fundamentalmente, no te olvides de los más frágiles, aquellos que están necesitando hoy de ti una palabra, un gesto, un abrazo, una mirada, la solidaridad que brota de tus manos. Y que el Señor te bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.