Mons. Antúnez: “Que podamos seguir caminando juntos como Iglesia diocesana hacia la Pascua, allí donde nos espera la belleza compasiva del Señor Resucitado”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Momento de reflexión” en radio 41 AM 1360 de este Domingo 1 de marzo de 2026, II Domingo de Cuaresma.
Un saludo muy grande para toda la audiencia. Continuamos caminando como pueblo de Dios en camino hacia la Pascua en este II Domingo de la Cuaresma. La escena central que hoy nos coloca el Evangelio es la de la Transfiguración. Jesús, que previendo la experiencia de la pasión que se avecina en el horizonte y queriendo preparar el corazón de sus discípulos, de los más cercanos a Él, invita a Pedro, a Santiago y Juan a hacer esta experiencia de tomar distancia, subir al monte y allí contemplar la belleza del Señor.
El cardenal Martini dice que la transfiguración nos refleja la belleza del amor compasivo de Dios. Allí la Trinidad se manifiesta, es una teofanía, los cielos se abren y también se escucha la voz del Padre que dice Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo. Es otra escena similar a la del bautismo, donde Dios confirma al Hijo en su misión y nos invita a escucharlo a Él.
El Papa, al inicio de la Cuaresma también nos invitaba a la escucha. Nos decía la necesidad de silenciar ruido, silenciar voces y abrirnos a la escucha de la Palabra de Dios, para que podamos también ser configurados en el corazón a la luz de la Palabra. ¿A quién estoy escuchando? ¿Qué voces estamos escuchando? Te invito a que puedas también tú, experimentar en el fondo del corazón aquellas mismas palabras que el Padre en esta escena dirige al Hijo. Este es mi Hijo muy amado. Podamos todos sentirnos hijos en el Hijo. Hijos amados, hijos bendecidos por Dios, hijos abrazados en la misericordia de Dios, hijos perdonados y enviados también como él, a llevar a otros el mensaje la Buena Noticia de la salvación. En la escena, Pedro experimenta el consuelo, la consolación y dice ‘Qué bien que estamos aquí, hagamos tres carpas, una para cada uno de nosotros, otra para Moisés y otra para Elías’. Moisés y Elías que aparecen en la escena de la transfiguración. Son los dos grandes profetas del Antiguo Testamento que nos remitan entonces en Cristo la recopilación de toda la historia de la salvación. Pedro quiere quedarse en ese lugar intimista, espiritual, de gozo en la presencia del Señor tantas veces que experimentamos el consuelo, la bondad de Dios, la experiencia honda y profunda de sentirnos amados. Y queremos quedarnos en esa intimidad, en esa cercanía. Y el Señor nos invita a descender. dice ‘Vayan y lleven ustedes también a otros de este consuelo’ ¿A qué lugares necesitamos llevar también la experiencia de la transfiguración? ¿Cuáles son aquellas realidades más atravesadas por el dolor, por la violencia, por la inseguridad?
Vivimos con tiempos convulsos a nivel mundial, en muchos lugares del planeta. El flagelo de la guerra amenaza la paz, amenaza la belleza amenaza la vida. Te invito a que puedas también descender del monte en los distintos ámbitos de tu vida el espacio de familia, la realidad laboral, los lugares de estudio, tantas realidades de nuestra existencia cotidiana podamos llevar este consuelo del Señor. Esta experiencia de la Transfiguración. Necesitamos crear realidades Transfigura las realidades transformadas a la luz del espíritu. Vínculos que puedan también ser transfigurados desde el amor unitivo del Señor que se derrama, que se entrega, que se dona por amor a nosotros.
Te invito a que en este tiempo de Cuaresma puedas poner delante realidades de la misión, especialmente aquellas donde hay más dolor, donde hay más soledad, donde hay más sufrimiento y puedas a través de tu sonrisa, la paz del corazón, el equilibrio emocional, llevar estas realidades transfiguradas de tu vínculo con el Señor. Este, este mundo nuestro, estas realidades de nuestras ciudades, de nuestros países, de nuestras culturas, necesitan ser transfigurados a la luz de la experiencia del Señor Resucitado. Sigamos caminando con mucha confianza en este tiempo cuaresmal. Sigamos viviendo esta invitación honda que el Señor nos hace a la oración, es decir, a la intimidad con Él. Allí también somos transfigurados. Allí también nuestro rostro adquiere nueva lumbre. Allí también nuestras heridas son sanadas. Allí experimentamos el amor, la oración, el ayuno de palabras, de palabras innecesarias, de palabras agresivas, de palabras que etiquetan al otro. Y lo tercero, la experiencia de la solidaridad y de la compasión. Que nuestro corazón se siga convirtiendo al Señor en este tiempo de Cuaresma. Que podamos seguir caminando juntos como Iglesia diocesana hacia la Pascua, allí donde nos espera la belleza compasiva del Señor Resucitado. Y que Él bendiga cada uno de nuestros gestos. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.