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Mons. Antúnez: “Que podamos caminar junto a nuestras ovejas confiadas y poder ser también nosotros ovejas dóciles del único Pastor”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Momento de reflexión” en radio 41 AM 1360 de este Domingo 26 de abril de 2026, IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Un saludo muy grande para “Momento de reflexión”, celebramos este IV Domingo de Pascua a Jesús como el Buen Pastor, aquel que da la vida por las ovejas, aquel que conoce a las ovejas confiadas, aquel que también ejercita este arte del pastoreo, abandonando muchas veces a las ovejas seguras y yendo a buscar la que está perdida y celebrando al Señor Buen Pastor, también examinamos nuestras distintas formas de pastoreo, la que cada uno de nosotros vivimos y ejercitamos en el cuidado de las personas a nosotros confiadas como sacerdotes, como trabajadores, como líderes en algun área, como padres de familia, como educadores. Contemplando a Jesús Buen Pastor, vemos la belleza de la entrega de la propia vida. La muerte del pastor no tiene que ver solamente con su entrega en la cruz, sino también con los pequeños y más grandes gestos, donde el pastor muere al yo egoísta para entregarse por las ovejas a él confiadas.

El amor del pastor exigirá mirar lejos, mirar a los que están alejados, mirar con una mirada inclusiva a las ovejas. La belleza de la que habla Jesús es la de aquella que suscita atracción gozosa enamoramiento, entusiasmo. El amor es aquel que descubre en la persona amada alguien digno de ser tenido en cuenta. Jesús, como buen Pastor, está enamorado de cada una de las ovejas a él, confiadas porque son únicas, porque son originales. Y desde esta mirada de amor, cuando la oveja se abre a una relación personal con el pastor, es capaz de transformar el corazón de las ovejas a él confiadas. El pastor intuye en cada una de las ovejas una posibilidad de cambio, de conversión. Solo el amor, en definitiva, es el capaz de transformar los corazones.

Por lo tanto, la pregunta inicial es si nos dejamos amar por el pastor, si nos dejamos cuidar por él, si nos dejamos sanar, si nos dejamos atraer por el pastor de nuevo al redil. Discernir aquí aquellas dinámicas de nuestro corazón de individualismo, de resistencias a ser conducido por el pastor, a ser guiado por el pastor. El Resucitado viene con el oficio de consolar el alma humana. Y el Buen Pastor es el icono del consuelo. El que carga a las ovejas heridas sobre sus hombros, el que las cura, el que las rescata de las oscuras quebradas, de los caminos sin salida, de los sin sentido de la vida, y los lleva de nuevo al rebaño, símbolo de la comunidad, de la Iglesia, de los amigos verdaderos.

Un mal de nuestro tiempo es la sensación de orfandad que vivimos, el sentirnos muchas veces solos, aun cuando estamos rodeados de mucha gente.

El Señor nos dice ‘conozco tu historia, la amo, conozco tus caminos de huida y una y otra vez iré a buscarte’. El dar la vida de este pastor se expresa en la alegría que tiene de salir a buscarnos. El gusto que siente de poder compartir la vida con nosotros, la alegría de defendernos, de cuidarnos, de unificarnos por dentro. Van Thuan, obispo vietnamita que estuvo preso del régimen comunista, trae esta bellísima oración que recordando a San Ambrosio, nos habla del Buen Pastor y él dice ‘Ven, Señor Jesús, busca a tu oveja extenuada, ve en buen pastor, tu oveja ha andado errante mientras tú tardabas en venir. Mientras tú te entretenidas por los montes. Deja ahora a las 99 que están seguras, y ven a buscar a esta que está perdida. Ven sin perros. Ven Sin rudos asalariados. Ven. Sin el mercenario que no sabe pasar por la puerta. Ven, Señor Jesús, Búscame. Rodéame. Encuéntrame. Levántame. Llévame hacia ti’.

Una preciosa oración que nos habla de este amor entrañable que siente el Buen Pastor por cada uno de nosotros. ¿Dónde podemos encontrar la diferencia entre el pastor y el asalariado? La diferencia se juega en la verdad del amor, en la capacidad de permanecer junto al otro, en la dificultad, en el dar la vida por el otro. Es el dolor de una madre cuidando a un hijo enfermo. Es aquel que permanece fiel al amigo, confrontándolo cuando se aleja del camino del bien. Es el dolor de la fidelidad a una relación cuando se pone difícil de sostener es el dolor de aguantar, ser roca donde otros puedan apoyarse. Ahí, en ese corazón amante, se esconde en verdad la imagen a semejanza de Jesús, Buen Pastor, de aquel que sabe cuidar, pastorear, acompañar las ovejas a nosotros confiadas. Conocemos el corazón de aquellos que se nos han confiado. ¿Sabemos caminar al ritmo del pastoreo que él o ella exigen? ¿Sabemos cuidar de las fragilidades que nos han sido confiadas?

Este es el desafío. Vamos a pedir esta gracia de dejarnos conducir en este tiempo de Pascua. Que la alegría y la paz que regala el Buen Pastor resucitado sigan consolando nuestros corazones y que nos bendiga Dios, el que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.