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Mons. Antúnez: “Que hoy podamos sentir este compromiso bautismal, que se ha recuperado mucho en esta Iglesia sinodal que nos invita a caminar como pueblo de Dios”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, en la homilía de este Domingo 11 de enero de 2026, Fiesta del Bautismo del Señor, en la Eucaristía que se transmite EN VIVO a través de Radio 41 AM 1360.

Te invito a que acompañes a Jesús desde esa casa de Nazaret, donde vivió esos 30 años de la vida oculta y va camino hacia el Jordán. Ahí comienza su misión. Seguramente en su corazón atesora todos los gestos vividos junto a María. Quizás José ya ha partido a la casa del Padre en ese momento. Empieza la hora, la misión, aquello para lo que ha venido, para anunciar al mundo el amor de Dios, su Reino, para redimirnos entregando la vida y para resucitar y regalarnos su Espíritu. Y la misión la comienza desde abajo. Todo el camino de Dios es un camino de abajamiento, es un camino de humildad, es un camino de sencillez. El modo, la manera de Dios de venir al mundo y de enseñarnos a los hombres. Es este el camino de lo pequeño, de lo aparentemente frágil. Jesús se coloca en la fila de los pecadores en el Jordán. No tiene necesidad Él.

Él es aquel que no tiene pecado. No tiene necesidad de este bautismo de conversión. Sin embargo, quiere también colocarse como un judío más en la fila. ¿Uno podría pensar aquí qué hubiéramos hecho nosotros en la situación concreta de Dios? ¿Cómo hubiéramos venido al mundo? ¿Desde qué lugar actuaríamos? Seguramente nos brotarán otros modos, otras formas. Pero Dios decide encarnarse hasta lo profundo, hasta lo más hondo, incluso sin tener necesidad de este bautismo. Quiere ser uno más de su pueblo. Podemos mirar estas filas, imaginarlas, contemplarlas. Son las filas de tanta gente que hay en nuestro mundo siguen caminando por diversos lugares buscando una tierra de promesa. Son las filas de tanta gente que pugna en muchos lugares de nuestra existencia por algo de alimento. Son las filas de los jubilados que muchas veces también en muchos de nuestros países empobrecidos quieren venir a buscar un humilde sustento para continuar adelante.

Su existencia son las filas de tantísima gente hoy que necesita cariño, comprensión, compasión. Imaginar a Jesús ahí como uno más, uno más de su pueblo, ahí en medio de su pueblo. Imaginar después el encuentro con el Bautista, poder contemplar esa escena. Es el Cordero de Dios el que viene a ser bautizado por el último de los profetas. Es un encuentro más de dos hombres habitados por la gracia de Dios, despojados de egos que quieren encontrarse. Obviamente, la reacción de Juan el Bautista. Es de sentirse inmensamente pequeño e indigno de esta misión.

Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, expresa él. Con sus palabras podemos entender este gesto. Es imposible para él colocarse delante del Hijo de Dios y bautizarlo. No tenía necesidad, como decíamos. Sin embargo, el Señor quiere cumplir en todo las Escrituras que nos dice este gesto de encuentro. Este gesto de dos hombres grandes que se ponen en las manos de Dios, que se fían de Dios, que cumplen el misterioso plan del Padre. Y Jesús sumerge, se sumerge en las aguas del bautismo y se abre los cielos. No es una teofanía. Decimos una manifestación de lo divino donde envía el al Espíritu y la voz del Padre dice Este es mi Hijo muy querido. Te invito a que también tú, a imitación de Jesús, te puedas también sentir ese hijo muy querido, ese hijo amado, ese hijo bendecido, ese hijo en el cual Dios tiene puesta todas sus predilecciones, los detalles de su amor, de su misericordia.

También hoy es un día para recordar aquella pila bautismal donde cada uno fuimos introducidos en la fe. Agradecer por quienes han sido testigos de la fe para nosotros, que nos han acercado con su palabra, con sus gestos, esta fe. Y también delante de la pila bautismal donde se nos ungió, también con el óleo de los catecúmenos y el sagrado crisma donde se nos entregó una luz. ¿Poder preguntarnos cómo estamos viviendo nuestro compromiso de bautizados? Esta invitación a ser sal, a ser luz de la tierra.

Esta invitación también a renovar nuestro bautismo, comprometiéndonos en este llamado común que tenemos todos a la santidad de vida. ¿Qué diría este hombre adulto que somos, o este joven, aquel niño o aquel adulto que estuvo ante la pila bautismal? ¿Cuánto esta fe ha crecido? ¿Qué gestos ha tenido? ¿Qué desafíos tiene por delante? Hemos sido luz para otros o quizás por distintos motivos Nuestra luz se ha apagado y estamos hoy un poco entre sombras. Te invito a que no desde un deber ser o desde una autoexigencia, sino desde la humildad examinadora, desde la luz de Dios. Podamos, desde este hombre que somos. Mirar hacia atrás y preguntarle a nuestra pila bautismal qué tiene para decirnos. Poder también Nosotros hoy renovar este compromiso del bautismo. Todos. Poder recuperar esos gestos, esos signos, esa agua que nos limpió y que nos invita a un nuevo nacimiento, a seguir naciendo de nuevo, ese aceite que nos vino a sanar y curar y se nos invita a ser sanadores de otros hombres y mujeres compasivos que sanen heridas. Y esa luz que se nos entregó, que se nos invita a todos a ser testigos de esa luz, reflejos pequeños del Cristo resucitado, Luz del mundo.

Que hoy entonces podamos sentir el avivamiento del Espíritu, podamos sentir la efusión del Espíritu, podamos sentir este compromiso bautismal se ha recuperado mucho en esta Iglesia sinodal. Este terreno común del bautismo, este lugar que nos identifica en esta vocación común a la santidad y que se nos invita a caminar como pueblo de Dios, todos juntos en camino, anunciando el Reino de Dios a otros. Al comenzar este 2026, te invito a soñar, a que podamos agrandar el corazón, a que podamos desear cosas lindas para nuestras comunidades, nuestras familias y en especial traemos hoy a nuestros enfermos, a los que están peor, a los que están más débiles, más frágiles, para que también la gracia sanadora del Sagrado Crisma venga a curar heridas, a renovar, a fortalecer, a enviar en misión.

Que la Virgen Santísima que contempló ese hijo irse, que también estuvo formando su corazón en Nazaret, bendiga hoy cada uno de nuestros intentos, nos haga más dóciles al Espíritu, más fieles al plan de Dios. Que así sea.