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Mons. Antúnez: “Pidamos la gracia de integrar también esta experiencia del dolor y de las pérdidas, pero con gran confianza en la resurrección”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Momento de reflexión” en radio 41 AM 1360 de este Domingo 22 de marzo de 2026, V Domingo de Cuaresma.

Un saludo muy grande para toda la audiencia. Este Domingo transitamos el domingo V de la Cuaresma y nos seguimos preparando para la Semana Santa para vivir ese acontecimiento de la entrega del Señor por amor a nosotros. El Evangelio nos pone en el meollo de aquella casa de Betania, donde Marta, María y Lázaro configuran el círculo de los íntimos de Jesús. Su casa es un lugar donde él descansaba, donde se encontraba en la amistad. De acuerdo a los datos que nos brindan el Evangelio era un lugar de intimidad para el Señor, un lugar donde compartir el alma, los sueños, los proyectos. Para cada uno de nosotros resulta importante el cultivar esos espacios de amistad, de gratuidad, de encuentro, donde podamos compartir a corazón abierto nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras inquietudes, donde también podamos integrar las debilidades y las flaquezas. Todo esto representaba Betania para Jesús, y más concretamente, aquella casa que había abierto las puertas a la hospitalidad.

Se nos detalla en el Evangelio de Juan que María era la misma que había derramado perfume sobre los pies de Jesús y lo secó con sus cabellos. En aquella escena muy bella, llena de misericordia y de compasión. Aquí se nos relata que envían decir al Señor El que tú amas está enfermo. Ni siquiera especifican que venga. Se limitan a decir que está enfermo. Podemos intuir la conciencia que tenían de la amistad de Jesús. Intuirían que aquel se acercaría con una mayor diligencia y prontitud. Sorprende la respuesta de Jesús y mucho más su demora en acudir en visita a su amigo enfermo. Esta enfermedad no es mortal, es para gloria de Dios, es la respuesta de Jesús. Jesús es consciente del mensaje que desea transmitir. Pero podemos comprender los sentimientos de las hermanas, su ansiedad, su sensación de orfandad. Seguramente se preguntarían ¿Dónde está el amigo en estos momentos de dolor? ¿Por qué no ha hecho nada frente a la enfermedad y a la posterior muerte de Lázaro? No se animan a formular en el corazón palabras más fuertes, pero de fondo. Los gestos de Jesús, su negligencia, su omisión de respuesta, constituirían en un primer momento algo que ellas pensarían como una traición a la amistad. No habrían sido testigos de la resurrección ambas. Su corazón no podría atreverse a soñar algo similar para su hermano. Quizás esta posibilidad que ellas mismas habían vivido junto al Maestro en la resurrección de la hija de Jairo, ahora no entra en su horizonte y se limitan a desear tan solo una compañía que alivie dolor y sufrimiento familiar.

En el fondo de su corazón late, por tanto, una gran lucha interior, una extraña mezcla de bronca, decepción, oscuridad. ¿Cuándo me siento decepcionado de Jesús, en qué situaciones no nos sentimos escuchados por él? Necesitamos, en efecto, purificar la imagen de Dios. Y una y otra vez pasar por el tamiz del examen nuestras expectativas en la fe y en la amistad con el Señor. En ese contexto, comienzan a sucederse las visitas del pésame, que eran sagradas en la tradición religiosa de los judíos. Conversaciones durante varios días. Vigilias de día y de noche que se sucedían a lo largo de la semana posterior al fallecimiento de las personas queridas. muchos fariseos, seguramente aprovechando la ocasión, habrían multiplicado ironías respecto a Jesús. Ha dado la vista a un ciego. Podría haber hecho algo más por sus amigos, son algunas de las frases que se escuchan en el Evangelio. En este contexto de decepción se nos muestra la imagen de la vuelta de Jesús a la casa de sus amigos. Al enterarse de esto, Marta sale al encuentro y le dice Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Se da el diálogo entre Marta y su fe y Jesús, y donde ella realiza una afirmación muy linda Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Marta, en esa confesión de fe hace el proceso de discípula. Se nos detalla que el Señor llora, el suyo es el llanto de la compasión, el llanto de la solidaridad, las suyas son las lágrimas de la fraternidad. Quiten la piedra. Lázaro, sal fuera. Pronuncia el Señor. Sal fuera Lázaro. De las zonas de muerte. De postración, De parálisis. Sal fuera de la oscuridad y de las tinieblas. Sal fuera de aquello que te angustia, te roba la alegría y la plenitud. ¿De qué zonas de muerte debo alejarme? ¿Dónde está la vida en abundancia? ¿Cómo caminar hacia ella? ¿Cuáles son aquellas vendas de las que me debo desatar para caminar con una mayor libertad interior? Podemos detenernos en Lázaro, Lázaro resucita a la vida, pero posteriormente volverá una vez más a la muerte. No es como la resurrección de Jesús que será de una vez para siempre. Pidamos la gracia de integrar también esta experiencia del dolor y de las pérdidas, pero con gran confianza en la resurrección. Y que el Señor nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.