Mons. Antúnez: “Pidamos esta gracia, la gracia de entrar por la puerta estrecha, la de tener el corazón abierto al otro, la de expresar el amor en los gestos”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Palabra de Vida” en Puerto de Encuentro (Radio María Uruguay y Radio Manía) y “Momento de reflexión”en Radio 41 AM 1360, de este Domingo 24 de agosto de 2025 (XXI Domingo del tiempo durante el año)
Un saludo muy grande para toda la audiencia. El evangelio de este Domingo nos presenta la imagen de Jesús, el profeta itinerante que pasa enseñando por ciudades, por pueblos, en su camino hacia Jerusalén, la Ciudad Santa donde entregará la vida por amor a cada uno de nosotros.En este contexto se inserta la pregunta de un hombre que se dirige a Jesús y le dice Señor, son pocos los que se salvan. Pregunta que quizás hoy ha perdido relevancia o significatividad en una cultura caracterizada por la ausencia de trascendencia en donde hemos acallado las preguntas fundamentales, inundados como estábamos de consumo, necesitamos recuperar la dimensión de silencio para dar pie a las preguntas y para suscitar también ansias de infinito. Dicha pregunta Jesús la ubica no como una realidad del más allá, Sino como un desafío de caminar en esta vida por senderos de vida en abundancia. El Reino de Dios comienza aquí y concluye junto al Padre. Jesús invierte la pregunta que se centra más en la cantidad y en su lugar coloca la respuesta en la responsabilidad, invitándonos a usar bien el tiempo presente. Sabemos que la salvación forma parte del misterio de la providencia de Dios, de su misericordia, y a nosotros nos toca esforzarnos por entrar por la puerta estrecha.
Esta imagen de la puerta estrecha me lleva en el imaginario y en el corazón a la Basílica de la Natividad de Belén, que tuve posibilidad de conocer hace unos años atrás, que tiene una puerta pequeña de 1,20 metros de altura. La razón histórica es para que los bárbaros no destrozaran los lugares sagrados, y Martín Descalzo, el poeta escritor español, recorriendo dicha Basílica, se le ocurrió pensar una razón espiritual. Dice él a Dios. Los niños llegan caminando y los adultos nos tenemos que empequeñecer abajar para poder entrar por esa puerta estrecha.
¿Qué dimensiones de nuestra vida debemos empequeñecer? ¿Qué forma toma en nuestra vida la humildad, el abajamiento, la pequeñez? Jesús no quiere engañarnos diciendo Sí, tranquilos, la cosa es sencilla, es fácil. Hay una hermosa carretera y en el fondo una gran puerta. Es una puerta estrecha porque es exigente el amor. Porque el amor requiere compromiso, requiere cercanía, requiere gestos que lo hacen al mismo creíble. También el Señor es verdad que amplía la perspectiva y nos dice que llama a todos. Y el Papa Francisco, una y otra vez como muletilla, repetía a todos, a todos. Y nos dice el Evangelio que vendrán de todos los pueblos, de todas las culturas. Puerta estrecha en parte pero abierta, puerta estrecha en el sacrificio, en la entrega, en el abajamiento, pero amplia en la misericordia, en el llamado a todos. El Señor nos invita a que tengamos eso las puertas abiertas del corazón también al otro, y ojalá nuestras iglesias sean esos lugares de puertas abiertas.
Creo que este tiempo de esperanza, este tiempo jubilar de ‘Peregrinos de la Esperanza’, nos invita a abrir las puertas, a abrir las puertas del corazón. Que no seamos puertas cerradas, que no seamos puertas entreabiertas simplemente por nuestras melancolías, por nuestros encierros, por nuestras neurosis. La clave es vivir el Evangelio. Y el camino es el del amor. Tendremos que al final de los días, mostrar las manos llenas de rostros, de nombres, de historias, de aquellos que, aún más allá de nuestros límites, hemos intentado amar. San Pablo lo llama librar el buen combate de la fe. Se necesita ese esfuerzo de cada día de amar a Dios y amar al prójimo. Y Jesús cuenta con la parábola, esta parábola del dueño de casa, que simboliza la salvación, la vida eterna. Y Jesús dice, cuando el dueño de casa cierre la puerta, os pondré los que están afuera. Llamar diciendo Señor, ábrenos. Y él dirá No sé, no los conozco. Estas personas tratarán de ser reconocidas, dice el Evangelio, haciendo alusión a que hemos comido y hemos bebido contigo. Pero el Señor responderá No los conozco.
Al final de nuestras vidas, la gran pregunta y el conocimiento de Cristo tendrá que ver con la experiencia de la misericordia del amor que lo hayamos vivido en nuestra vida y que lo reflejemos en nuestros gestos. Si hemos amado con gestos y hemos sido perseverantes en el camino de vivir la vida como aprendizaje en el amor. Si hemos intentado madurar en cada uno de los momentos vitales la experiencia del amar y ser amados. La fe no consiste en una experiencia doctrinal, en verdades teológicas, sino una experiencia de amar. El amor es aquello que en la vida nos mantiene vivos. Y el desafío de este domingo del Evangelio es el de re enamorarnos. Si, quizás las rutinas, las heridas de la vida, las frustraciones o la falta de amor recibido, o una imagen de Dios que nos hemos formado, nos impide amar y trasparentar su amor. Pidamos esta gracia, la gracia de entrar por la puerta estrecha, la de tener el corazón abierto al otro, la de expresar el amor en los gestos. Y que el Señor nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.