Home»NOTICIAS»Mons. Antúnez: Los invito en esta semana a pedir esta gracia: que el Señor aumente nuestra fe, que nos conceda la gracia de caminar el duelo con esperanza, con ilusión. Que podamos entregar a Él nuestras pérdidas y también la memoria fecunda que nos invita a vivir como resucitados”

Mons. Antúnez: Los invito en esta semana a pedir esta gracia: que el Señor aumente nuestra fe, que nos conceda la gracia de caminar el duelo con esperanza, con ilusión. Que podamos entregar a Él nuestras pérdidas y también la memoria fecunda que nos invita a vivir como resucitados”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Palabra de Vida” en Puerto de Encuentro (Radio María Uruguay y Radio Manía) y “Momento de reflexión”en Radio 41 AM 1360, de este Domingo 2 de noviembre de 2025 (Conmemoración de los Fieles Difuntos).

Un saludo muy grande para toda la audiencia. Celebramos este Domingo la conmemoración de todos los Fieles Difuntos. Traemos a la memoria y al corazón a tantos que han sembrado en nuestros corazones semillas de fe, de amor, de esperanza. Que hoy los recordamos, que hacemos memoria y que lo traemos a nuestro corazón como una fuerza fecunda que nos invita a seguir caminando.

Considero que de todos los problemas que el hombre se enfrenta a la muerte, quizás ese es el más grave de todos. Luchamos contra ella. Se ha logrado elevar el promedio de vida. La medicina trata de encontrar los paliativos a la enfermedad. Pero ella está ahí. La muerte es aún más dolorosa por todo lo que interrumpe que por lo que ella es en sí misma. Del corazón nos brotan preguntas inquietantes. ¿De qué sirve un gran amor que solo ha de durar algunos años? ¿Qué hay tras esa puerta? ¿Hay verdaderamente algo o alguien? ¿Cuándo yo muera, seguiré existiendo de algún modo? ¿Las personas que amé siguen existiendo, me siguen recordando? Estas y otras preguntas atraviesan nuestro corazón y nuestra sensibilidad y podemos reflexionar e intuir que preguntas similares experimentaron los amigos de Jesús en esa tensa espera del sábado posterior a la Pasión, mientras aguardaban el domingo, día en que toda la humanidad celebra la resurrección del Señor. Ellos habían entregado al Maestro la totalidad de sus vidas, y ahora El mismo yacía muerto. El dolor, la realidad de la pasión. Adquirieron caracteres tan nítidos en sus vidas que resultaba difícil el quizás vislumbrar alguna esperanza distinta. Son aquellos momentos en los que experimentamos la noche oscura en la vida y todo parece ensombrecer. Los días pascuales serán la lucha entre la terquedad de Dios de mostrar que el final del camino es el gozo y la resistencia de los hombres abandonar sus tristezas.

Dice León Bloy que la única manera de abandonar las tristezas es dejar de amarlas. Y la constante del Señor Resucitado será una invitación a no temer. Y la paz unida a la alegría. El cardenal Martini dice que Jesús tuvo una pedagogía particular de acuerdo con la circunstancia y con el modo de ser de cada uno. Por ejemplo, a Magdalena, la afectiva, nombrándola con ternura, a Juan el intuitivo por medio de la piedra corrida, la sobreabundancia de la pesca. A Pedro, en su lentitud, le dejó los lienzos y le dejó el sudario doblado y lo hizo participar de la pesca milagrosa, y lo envió a Juan para que le dijera ss el Señor. Con los discípulos de Emaús va a tener que caminar unos kilómetros para ir encendiendo el corazón y finalmente lo puedan reconocer al partir el pan. Con Tomás el escéptico tiene que redoblar los gestos, y cuando Tomás vuelve a la comunidad, le concede el capricho de colocar sus manos en el costado abierto.

¿Cuál es el signo que necesitamos para creer en el Resucitado? ¿Por dónde en la vida se nos filtra la desesperanza, el escepticismo? ¿Qué detalle necesitamos pedirle al Señor para creer en la alegría y la paz? En el Evangelio se nos relata la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús, como un signo más del poder del Señor sobre la muerte. La imagen que se nos trae es la de la piedra corrida, la vida que emerge, la luz que vence a las oscuridades. La aparente dilación del Señor en acudir a ver a su amigo se transforma en una prueba más del poder de él. Nos puede ayudar la siguiente poesía de Rodríguez Olaizola:

La losa está apartada. La luz se desparrama por la tierra
Que no se rindan los buscadores de amaneceres.
No hay una noche eterna. No hay victoria para el mal.
El sepulcro está vacío. La tristeza está bailando.
Se transforma la misma en alegría.
El muro sellado es ahora ventana.
Al otro lado muestra un paisaje desconocido.
Dicen que el amor pasea por la tierra nueva.
Aparece a quien lo llama.
Solo hay que pronunciarlo con fe.
Su nombre sobre todo nombre.
Aparecido él. Cicatrizado. Resucitado.

El Señor es la resurrección y la vida. Creyendo en él tenemos la vida en abundancia. Los invito en esta semana a pedir esta gracia. Que el Señor aumente nuestra fe. Que nos conceda la gracia de caminar el duelo con esperanza, con ilusión. Que podamos entregar a Él nuestras pérdidas y también la memoria fecunda que nos invita a vivir como resucitados. Morir se acaba. Ahora solo sé que salvaré mi existencia amando. Que los únicos trozos de mi alma que habrán quedado verdaderamente vivos, serán aquellos que invertí en querer y en ayudar a alguien, nos dice Martín Descalzo. Y he tardado 50 años en descubrirlo y entonces vi la luz. La luz que entraba por todos los ventanales de la vida. Vi que el dolor precipitó la huida. Y entendí que la muerte ya no estaba. Morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se anhelaba. Acabar de llorar, de hacer preguntas y ver al amor sin enigmas. Descansar de vivir en la ternura. Tener la paz. La luz. La casa. La noche. Luz tras tanta noche oscura. Y que el Señor nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.