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Mons. Antúnez: “La invitación que te hago y me hago es que podamos poner en las manos de Dios toda nuestra vida”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en “Palabras de vida” (Puerto de Encuentro) a través de la plataforma de Visión Ciudadana, el espacio “Momento de reflexión”en Radio 41 AM 1360 y en Radio María Uruguay, junto a los “Mensajes dominicales” de los Obispos del Uruguay, de este Domingo 13 de octubre de 2024 (XXVIII Domingo del tiempo durante el año)

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     10, 17-30
 
    Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»
    Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».
Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!»
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios».
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible».

Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna».
 
Palabra del Señor.


El Evangelio de este Domingo nos coloca delante la imagen del joven rico, aquel que irrumpe, se acerca a Jesús y le pregunta ¿Maestro, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna? Se plantea nada más y nada menos que conquistar la vida eterna. Una pregunta que está en especial en nuestro tiempo, caracterizado por el consumo, por el mirar el aquí y el ahora cortoplacista, por la ausencia de preguntas fundamentales. Jesús le devuelve al joven cumplir los mandamientos. El joven, mirándose a sí mismo, reconoce que en su vida había sido fiel a los mandamientos, había amado a Dios y había amado al prójimo. El relato, la conversación pudo haber concluido en este encuentro. Sin embargo, en el fondo del corazón del joven y de toda persona humana hay siempre un deseo de algo más. ¿Qué más puedo hacer? El joven le pregunta a Jesús ¿Qué más tiene un corazón con grandes deseos?

Y Jesús le devuelve la invitación. Si quieres ser perfecto, despréndete de lo que tienes, dáselo a los más pobres y sígueme. Es decir, ponte en camino de discípulo, en camino de seguimiento. Abandona aquello que te tiene atenazado, que te tiene atado y sígueme. El joven descubrió en ese momento que no era indiferente el lenguaje ignaciano, es decir, que estaba aferrado a los bienes. Y se marchó triste. Paradójicamente, la tristeza es aquello que no entregamos al Señor, que nos guardamos para nosotros, que no lo ofrecemos.

El Evangelio nos coloca el final abierto. Podemos pensar que quizás ese joven, al regresar a su casa, conectar con sus sentimientos de tristeza, pudo ir haciéndose libre con el paso del tiempo de aquello a lo que estaba aferrado. La invitación que te hago y me hago es que podamos poner en las manos de Dios toda nuestra vida. Que nos vayamos liberando de corazón de aquello que nos ata, que podamos ser libres. Verdaderamente hemos sido creados para la experiencia del amor y de la libertad. Jesús nos quiere plenos y por lo tanto nos mira y nos invita también a seguirlo. Estoy dispuesto a caminar tras de Él.

Estoy dispuesto a liberarme de aquello que me ata. Pidamos esta gracia a la luz del Evangelio de este domingo y para todos. La bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.