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Mons. Antúnez: “La invitación de Jesús es salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo. Es ser testigos de su bondad y de su misericordia”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en “Momento de reflexión”en Radio 41 AM 1360 y en Radio María Uruguay, junto a los “Mensajes dominicales” de los Obispos del Uruguay, de este Domingo 9 de febrero de 2025 (5º Domingo del Tiempo durante el año).

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».

Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
 
Palabra del Señor.


Un saludo muy grande para toda la audiencia de momento de reflexión. El evangelio de este Domingo, tomado de San Lucas, narra la llamada del Señor a San Pedro. Simón Pedro era pescador y Jesús, en la orilla del lago de Galilea, lo ve mientras está arreglando las redes junto con otros pescadores. Lo encuentra él fatigado y decepcionado, porque esa noche no habían pescado nada y Jesús lo sorprende con un gesto inesperado. Se sube a su barca y le pide que se aleje un poco de la tierra porque quiere hablar a la gente desde allí había una gran multitud que los rodeaba.

Jesús desea la intimidad con cada uno de nosotros. Desea entrar en contacto con nuestro corazón, con nuestros deseos, con nuestros sueños, con nuestras heridas. Para eso nos invita a alejarnos un momento de la multitud y poder tomar distancia. ¿Hemos tenido o estamos teniendo experiencias de encuentro con el Señor? ¿Nos animamos a dejarlo entrar en nuestra barca a solas con Él o nos mantenemos alejados de su corazón? En efecto, muchas veces las ansiedades, los apuros, las ocupaciones, nos impiden la experiencia del silencio, la interioridad y la escucha de su Espíritu. Simón Pedro lo recibe y desde su barca, Jesús enseña a la multitud reunido a lo largo de la orilla. Sus palabras también reabren la confianza en el corazón de Pedro. Jesús lo invita a navegar mar adentro.

Navegar mar adentro supondrá alejarse de la orilla, aventurar la vida por caminos sorprendentes. Arraigar la existencia en geografías complejas. ¿Nos animamos a ir mar adentro, mar adentro en la amistad, mar adentro, en la misión? ¿Hacia qué nuevos desafíos? El Señor nos invita a navegar en este año. ¿Qué miedos, qué fantasías nos paralizan para ir mar adentro? Puede ser también la experiencia de la comodidad, de la frivolidad del consumo, la pereza frente a nuevos desafíos, la falta de escucha al interior que nos hace vivir tantas veces divididos por dentro.

Simón responde con con una aparente objeción Maestro, hemos estado pescando toda la noche y no hemos pescado nada. Como experto pescador podría haber dicho ‘Si no hemos pescado por la noche, mucho menos vamos a pescar durante el día’ La experiencia de la ausencia de pesca es la experiencia de la infecundidad en la vida. La experiencia del sentir, el fracaso, sentir la desproporción que hay entre el tiempo invertido en algo y los frutos recibidos. Son las noches de la vida. La experiencia de la oscuridad. Aquellos momentos en donde sentimos la desolación y la aridez. Sin embargo, Pedro sale de su lógica de buen pescador y se anima a volver a intentar. Si tú lo dices, echaré las redes. Es la respuesta de la fe. Es la actitud de disponibilidad frente a la Palabra del Señor. La obediencia de Pedro, el volver a intentar a partir de la Palabra del Señor genera un resultado prodigioso la sobreabundancia, este será el signo del Resucitado. La sobreabundancia es una pesca de gran cantidad de peces. Es un signo del poder de Jesús, cuando nos ponemos a su servicio. Así actúa con cada uno de nosotros. nos pide que lo acojamos en la barca de nuestra vida para recomenzar con Él, surcando un nuevo mar que se revela para cada uno de nosotros con gran cantidad de sorpresas.

Su invitación es salir al mar abierto de la humanidad, de nuestro tiempo. Es ser testigos de su bondad y de su misericordia. A veces podemos sentirnos como Pedro, sorprendidos, titubeantes incluso frente a los frutos. Podemos mirarnos a nosotros mismos y decir ‘Aléjate de nosotros, Señor, que somos pecadores’ Es la experiencia de Pedro de sentir su vulnerabilidad. Y Jesús redobla la apuesta, lo alienta, no temas. Desde ahora serás pescador de hombres. Si confiamos en Él, nos abre un nuevo horizonte de colaboradores en la misión. El mayor milagro realizado por Jesús para Pedro y los demás pescadores no es tanto la red llena de peces, sino ayudarlos a no caer víctima de la decepción, del desaliento ante las derrotas. Les abrió el camino de convertirse en anunciadores y testigos de su Palabra. El llamado del Señor es desde el reconocimiento sincero de la propia vulnerabilidad, la confianza de echar las redes en su nombre.

¿Qué horizontes de trascendencia se abren para nosotros, fruto del encuentro con el Señor? Pidamos a la Virgen María modelo de adhesión a la llamada del Señor, que interceda por cada uno de nosotros y que nos haga disponibles a colaborar con Él para difundir su salvación a través de su Palabra en todas partes. Y que el Señor nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.