Mons. Antúnez: “La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a comprometernos en los acontecimientos cotidianos, a ser fermentos de comunión, de consolación, de misericordia”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el espacio “Palabra de Vida” en Puerto de Encuentro (Radio María Uruguay y Radio Manía) y “Momento de reflexión”en Radio 41 AM 1360, de este Domingo 15 de junio de 2025 (Fiesta de la Santísima Trinidad).
Un saludo muy grande para toda la audiencia. En este Domingo celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, un solo Dios en tres Personas Divinas Unidas en el amor, en la complementariedad y el Evangelio tomado de San Juan nos relata o continúa relatando el discurso de Jesús, su discurso de despedida, la última Cena, donde va brindando a sus discípulos las claves, su testamento, en este caso en la relación íntima entre el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Jesús sabe que está cerca la realización del designio final del Padre, que se cumplirá con la experiencia de su pasión, su muerte y su resurrección, y por eso quiere asegurar a los suyos en el corazón la imagen de que no los abandonará, que seguirá estando presente hasta el final de los tiempos, a través del Espíritu Santo quien prolongará la misión de Jesús a través de la Iglesia.
Jesús nos revela cómo se cumplirá este designio salvífico del Padre, y sobre todo, intentando hacer comprender a los discípulos el misterio del amor. No se trata de doctrinas nuevas, distintas, sino de ampliar la comprensión del misterio. El Espíritu guiará a los discípulos y a la comunidad primitiva por caminos siempre nuevos, siempre renovados. Y los ayudará con una mirada dirigida a Jesús, abierto también a los eventos y abierto al futuro. El Espíritu Santo ayudará a la comunidad primitiva a caminar hacia adelante firmemente radicados en el Evangelio y también con una dinámica creativa a cada uno de los tiempos para dar las mejores respuestas.
El misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, también nos habla del misterio de nosotros que en el bautismo recibimos también esta plenitud de la Trinidad que habita y que trabaja en cada uno de nosotros. Hemos sido injertados en el corazón de Dios en esta experiencia del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. Esta familia divina, esta Trinidad que no está cerrada en sí misma, sino que es radicalmente abierta, que se comunica en la historia. El Padre con la Creación, el Hijo con la Redención, el Espíritu Santo con la santificación. Este horizonte trinitario que nos envuelve a cada uno de nosotros en el amor y nos invita también a vivir en el amor y en la fraternidad. El haber sido creados a imagen y semejanza de un Dios comunión nos llama también y nos invita a nosotros a vivirnos y a pensarnos como seres humanos en relación, sociales, con capacidad de vínculos interpersonales, con la invitación profunda a construir relaciones sólidas fundadas en el amor. Tales relaciones se juegan en los ámbitos eclesiales, en los espacios de familia, en los ambientes laborales. Hemos sido creados para la relación, para el encuentro y a la luz de la imagen de la Trinidad, podemos examinar nuestros vínculos, preguntarnos por los mismos, reconocer la invitación que nos hacen a la unidad en la diversidad. En tiempos de tanta guerra, conflictos latentes que siguen estando muy presentes hoy en nuestro mundo.
A la luz de esta invitación de la Trinidad, te invito a que te preguntes por la unidad en la diversidad, toda tentación del mal espíritu golpea siempre a la unidad, golpea la memoria de las gracias recibidas. Cuando perdemos la memoria se nos hace difícil el perseverar. ¿A qué nos interpela la Trinidad hoy? ¿Cómo vivimos en nuestros vínculos cotidianos esta invitación a la complementariedad en el amor? ¿Cómo estamos viviendo estas relaciones, sabemos también valorar los dones, los talentos, las cualidades de los otros? Vamos entendiendo que el modo de vivirnos es desde un liderazgo común, donde cada uno nos vamos completando con los talentos, dones y cualidades de los otros. La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a comprometernos en los acontecimientos cotidianos, a ser fermentos de comunión, de consolación, de misericordia. En esta misión recibida por cada uno de nosotros en el bautismo y en los llamados particulares vocacionales, nos sostiene la fuerza que el Espíritu Santo nos dona. Ella cura nuestra humanidad herida por las injusticias, por los abusos, por el odio, por la avidez.
Pidamos a la Santísima Virgen María, que en su humildad acogió la voluntad del Padre y concibió al Hijo por obra del Espíritu Santo, que podamos también nosotros ser totalmente abiertos al actuar trinitario en nuestra historia personal y que podamos reflejar en nuestros gestos aquella complementariedad en el amor propia de la Trinidad que nos hará creíbles, que nos hará testigos del Evangelio y que el Señor nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.