Cercanía, misión y esperanza: claves de la Misa Crismal 2025

En una emotiva y representativa celebración, la Basílica Catedral de San José fue escenario, este lunes santo, de la Misa Crismal. El obispo de la Diócesis de San José de Mayo, Mons. Fabián Antúnez SJ, presidió este lunes santo la Santa Misa Crismal en la Basílica Catedral y Santuario Nacional de San José. En la misma concelebraron todos los sacerdotes de San José y Flores, además se realizó la tradicional renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los óleos.
Mons. Antúnez compartió una homilía marcada por el llamado a una Iglesia compasiva, misionera y esperanzada. Ante la presencia de sacerdotes, consagrados, fieles laicos, se vivió un momento de comunión eclesial que renovó el espíritu de entrega y servicio pastoral.
Desde el inicio de su mensaje, el Obispo centró su reflexión en la cercanía compasiva de Dios, haciendo eco de las lecturas bíblicas del día. “El Señor se nos presenta como quien ha sido ungido para consolar, sanar y liberar”, expresó, señalando que la respuesta cristiana a los desafíos del mundo actual —como las desigualdades, el descarte y la falta de sentido— debe nacer de una profunda unión con la lógica amorosa de Cristo.
Uno de los momentos de su homilía fue el llamado a los sacerdotes a volver al “amor primero”, haciendo memoria agradecida de su vocación y reconociendo la fragilidad humana como lugar donde Dios actúa con misericordia. “Somos portadores de un tesoro en vasijas de barro, y es en esa debilidad donde se revela la fuerza del Señor”, afirmó.
En este contexto, el obispo expresó un sentido agradecimiento a los presbíteros por su perseverancia en las misiones más complejas, por su escucha paciente y por reflejar en sus gestos el rostro cercano de Jesús. También tuvo palabras de gratitud hacia los fieles laicos, en especial hacia los jóvenes de los grupos misioneros Antorcha, Movimiento Cireneos y Sagrada Familia, quienes recorrerán diversas comunidades llevando el mensaje de esperanza.
La homilía incluyó un fuerte llamado a renovar el compromiso evangelizador, instando a toda la diócesis a “ser puentes” con las preguntas del mundo actual y a dejarse guiar por el Espíritu Santo para encontrar caminos creativos que respondan con fidelidad al Evangelio. “El mejor testimonio es una vida gozosamente esperanzada”, subrayó, invitando a revisar palabras, actitudes y gestos cotidianos a la luz del Señor Resucitado.
Como es tradición en esta celebración, se realizó la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los óleos, signos visibles del servicio sacramental que se despliega en toda la diócesis. En un ambiente de oración y alegría, la comunidad expresó su deseo de seguir creciendo como Iglesia en salida, humilde y renovada.
La Misa Crismal dejó así un mensaje claro: en medio de las heridas del mundo, la Iglesia está llamada a ser reflejo de la misericordia de Dios, a caminar con su pueblo y a anunciar, con alegría y compromiso, la buena noticia del Señor Resucitado.
Compartimos el texto completo de la Homilía de Mons. Fabián Antúnez SJ en la Misa Crismal, Basílica Catedral de San José, 14 de abril de 2025
En esta celebración los textos de la liturgia nos hablan de la cercanía compasiva de Dios, nos permiten ahondar en su lógica de entrega amorosa. Frente a los desafíos de nuestro tiempo: las desigualdades, la cultura del descarte, el individualismo, la inequidad en la distribución de los bienes de la tierra, el Señor se nos presenta como aquel que posee el espíritu y es ungido para “llevar la buena noticia a los pobres, vendar los corazones heridos, proclamar la liberación de los cautivos…y consolar a los que están de duelo” …
El desafío para cada uno será el de entrar en su “lógica amorosa”, dejarnos ungir por el Señor y reavivar nuestro compromiso con su evangelio. Junto al salmista también afirmamos “su fidelidad amorosa” sostenida en el tiempo, los detalles de su amor que se han manifestado a lo largo de nuestras vidas. En efecto, un día el Señor posó su mirada sobre nosotros y nos invito a dejar todo y seguirlo…Los invito a volver a aquel “amor primero”, hacer memoria agradecida de los regalos de fecundidad que se nos han confiado, también de las crisis que hemos vivido, que nos han devuelto la conciencia de “ser vulnerables”, que llevamos este tesoro en fragilidad.
Miremos por tanto su misericordia que, nos ha salido tantas veces al encuentro, sanando nuestras heridas e invitándonos a ser reflejo de su reconciliación. El agradecimiento permite que nuestro corazón siga siendo fiel a las insinuaciones del Espíritu Santo que “hace nuevas todas las cosas”, nos hace más ligeros para poder dar respuestas a las mociones que experimentamos en nuestro interior. De corazón a cada uno de ustedes quiero agradecer por su perseverancia en misiones complejas, por la escucha al pueblo de Dios, por mostrar con sus gestos la compasión y cercanía del corazón de Cristo.
El Señor en el Evangelio proclama la buena noticia en la sinagoga donde se había criado. Allí en el ambiente que lo ha visto crecer, aporta la novedad de la relación con los demás, con el Padre, una mirada nueva sobre la religión, colocando el amor como horizonte de comprensión de toda la realidad. El “hoy se ha cumplido” nos presenta la necesidad de actualización de este mensaje. Este “hoy” lejos de significar una negación de la memoria nos impulsa a creativamente seguir buscando nuevas formas de anunciar la verdad de siempre, nos presenta la necesidad imperiosa de tender puentes para con las preguntas e interrogantes del hombre y mujer de nuestro tiempo.
¿Cuáles son los interrogantes de nuestro tiempo? ¿Qué necesita el hombre y mujer de hoy para recuperar la esperanza?
Las preguntas muchas veces nos hacen sentir pequeños, frágiles, sin certezas para un mundo complejo, pero desde allí quizás podamos dejar ser más nítidamente al Señor quien nos abra nuevos caminos creativos para dar mejores respuestas. Ponemos en las manos del Señor nuestras angustias, ansiedades y límites, se lo presentamos para que Él pueda trabajar en cada uno de nosotros y hacernos instrumentos más aptos, para reflejar su belleza.
Suscitar preguntas supondrá pastores con profundidad, capaces de intuir en el fondo del corazón humano la tierra sagrada donde habita el Señor. Deseo que podamos en la intimidad de nuestra oración traer nombres, rostros, historias de quienes misteriosamente continúan la pasión de Cristo. Qué podamos ser puentes con el corazón de todos aquellos que se acerquen a nosotros, para desde el respeto a la interioridad del otro y su conciencia, podamos acompañarlos en sus procesos, con delicadeza, paciencia, mansedumbre de corazón.
En esta celebración realizaremos la renovación de las promesas sacerdotales y bendeciremos los oleos. Deseo que podamos reflejar en nuestros gestos sacerdotales la actitud del Señor, que sale al encuentro de toda persona humana, que reflejemos en nuestras actitudes la paz interior, que brotan de las heridas curadas por el Señor. Somos conscientes que mas allá de nuestras fragilidades y pecados, Dios nos permite siempre volver a empezar, si tenemos la humildad de pedir perdón y buscar crecer desde los aprendizajes vitales que los fracasos nos enseñan. En la oración confiada, experimentamos que el Señor nos levanta y nos devuelve la alegría, en medio de las podas que la vida permite que vivamos.
Tengamos la humildad de dejarnos mirar por el Señor y su misericordia en este año jubilar y también ser reflejo para los demás. Pidamos al Espíritu Santo que nos levante de nuestras tristezas, de nuestras miradas pequeñas, de nuestras quejas enquistadas, de nuestras superficialidades. Que nos siga impulsando de manera personal y como diócesis al reavivamiento de nuestro ser misionero, una iglesia que sale a buscar porque porta consigo la más bella de las noticias: al Señor Resucitado.
En esta semana diversos grupos misioneros de jóvenes caminarán distintos lugares de nuestra diócesis, llevando el bálsamo del consuelo y la esperanza que un mañana distinto es posible. De corazón, gracias a los jóvenes de Antorchas, Movimiento Cirineos y jóvenes de Sagrada Familia, por llevar el fuego evangelizador de la misión y ponernos en marcha como iglesia diocesana en misión permanente.
El mejor testimonio que podemos dar es nuestra persona gozosamente esperanzada. Podemos preguntarnos por nuestras palabras y conversaciones: ¿Reflejan la esperanza del señor Resucitado? ¿Hablan las mismas de sueños renovados? ¿Nos pensamos cada uno dando lo mejor de nosotros, arriesgando la propia vida? Pidamos al Señor nos conceda la gracia de continuar caminando juntos como iglesia diocesana, que su Espíritu nos siga modelando para reflejar mejor en nuestros gestos el amor que está a la base de su entrega amorosa por nosotros, que crezcamos en conciencia renovada del liderazgo común compartido y nos potenciemos mutuamente en nuestros compromisos vocacionales.