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Mons. Antúnez: “Pidamos la gracia de ir integrando en nuestro corazón esta dinámica alegre del servidor: perdón, fe y servicio. Tres dimensiones a tener en cuenta”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, Obispo de la Diócesis de San José de Mayo, en este Domingo 2 de octubre de 2022 (XXVII Domingo del tiempo durante el año), en el programa “Momento de reflexión” de Radio 41 AM 1360.

Un saludo muy grande para toda la audiencia. Ya de regreso en Uruguay, deseo una bendición especial para cada uno en sus distintas misiones y que podamos seguir ofreciendo el corazón y nuestras manos a la siembra del Evangelio.

El Evangelio de este Domingo nos presenta tres desafíos. El primero de ellos es el del perdón tener la capacidad de dar y recibir perdón. Estar dispuestos a la dinámica humilde de la reconciliación. Esto es propio de corazones grandes, de corazones magnánimos, corazones con capacidad de buscar el encuentro y no aquello que nos diferencia en dinámicas de rivalidad, de crispación, de agresividad. El perdón, la reconciliación, resulta fundamental hoy a lo interno de nosotros mismos, en la construcción del tejido de la familia, de la comunidad, de la Iglesia y, por qué no, de la sociedad y del mundo.

Quizás la primera pregunta es ¿a quién tengo que perdonar? A quién tengo que, en definitiva, soltar en el corazón esa ligazón de la agresividad, de la violencia, del rencor, de la ira que me atenazan, que me anudan por dentro, que me roban libertad. Y lo otro es ¿a quién tengo que pedir perdón? Fruto del análisis, de la observación, caer en la cuenta también de nuestras dinámicas de negligencias, omisiones que muchas veces nos distancian de los demás. Dar y recibir perdón. El primero de los desafíos, el siguiente, es el de crecer en la fe. Tener la capacidad, fruto de la oración, la intimidad con el Señor. La experiencia también del apostolado. De ir creciendo en la fe. Ir avanzando en la vida espiritual. En esa confianza para con Dios, que hace que le entreguemos nuestra vida. Un poco más en sus manos. Que hace que lo dejemos ser un poco más Señor de nosotros mismos.

El Evangelio nos presenta la imagen de la fe como un grano de mostaza, que es esa semilla muy pequeña que cuando crece es un arbusto muy grande que da otra sombra. ¿Cómo está mi fe? ¿Cómo estoy haciendo crecer mi confianza en Dios? ¿Qué medios pongo? Abrirnos a la providencia de Dios. Dejar crecer la espiritualidad en nuestro interior. Permitir que la imagen del Cristo se vaya plasmando cada vez más hondamente en nuestra vida.

Y el tercero de los desafíos es aquel del servicio. Es decir, cuando hagamos algo, cuando nos brindemos, cuando nos donemos. Cuando nos entreguemos a los demás, saber que en definitiva estamos cumpliendo con esa misión de servidores, para eso hemos venido. Y esa es la dinámica que el Señor Jesús vino a enseñarnos. Siendo Dios, no retuvo para sí el ser igual a Dios, sino que eligió la dinámica del abajamiento, la dinámica del servicio. Un corazón de servidores, un corazón alegre es un corazón humilde. Es un corazón agradecido y un corazón esperanzado.

Pidamos la gracia, por tanto, de vivirnos como servidores, no desde una dinámica servil, agridulce o rígida, que no se alegra del gozo de la entrega. La dinámica del servidor es aquella que se goza en ofrecer las manos, el corazón, nuestra inteligencia para el Reino de Dios, sabiendo, en definitiva, que aquello que entregamos, que aquello que ofrecemos, que brindamos para los demás, se nos devuelve por añadidura, fruto de la misteriosa providencia de Dios para con nosotros mismos.

¿A quién tengo que servir? ¿A quién me tengo que acercar? ¿Qué talentos, dones y cualidades los debo colocar un poco más en las manos de Dios para sembrar semillas de Evangelio en lo que me toca?

Pidamos, por lo tanto, la gracia de ir integrando en nuestro corazón esta dinámica alegre del servidor perdón, fe y servicio. Tres dimensiones a tener en cuenta en el Evangelio de este fin de semana de este Domingo, que la Iglesia nos invita a vivir y a integrar. Que el Señor, el que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos bendiga a cada uno de nosotros, nos permita ser muy fieles y nos dé la gracia de continuar caminando en su Reino. Que el Señor los bendiga.