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Mons. Antúnez: “Amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente, con todo el espíritu y amar al prójimo”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en la homilía en la Eucaristía en radio 41 AM 1360 de este Domingo 10 de mayo de 2026, VI Domingo de Pascua.

Continuamos transitando, como decíamos al inicio, este tiempo pascual y esperando ya decididamente anhelando al Espíritu Santo, la persona amor de la Trinidad que nos enviará el Padre para acompañarnos en esta tarea tan linda de la evangelización como la Iglesia primitiva.

En el libro de los Hechos, que va constituyendo comunidades, que va avanzando en el anuncio del kerigma de Cristo muerto y resucitado, que va suscitando milagros, como leíamos a través de Felipe, también de Juan, y otros que teniendo la fuerza del Espíritu, son capaces de reproducir los gestos de Jesús, dar vista a los ciegos, poner de pie a los que están postrados, anunciar el Evangelio y producir grandes conversiones y transformaciones. Vamos a pedir la la gracia también para para nuestra Iglesia, de que se abra al Espíritu de Dios, a este Espíritu que es creatividad en los dones que se nos regala a cada uno, en la propia Vocación.

Que podamos también juntos caminar como Iglesia que peregrina anunciando el misterio del amor del Señor. Y en el Evangelio nos habla de esta experiencia de que prontamente el domingo que viene celebraremos la fiesta de la Ascensión. Jesús que retorna al Padre, que después de vivir entre nosotros, enseñándonos a amar, después de donar la vida, entregarla y quedarse en la Eucaristía, después de resucitar y anunciar durante 40 días a través de las apariciones, el modo de amar, el modo de esperar, el modo de donar. La vida vuelve al Padre, pero nos dice el modo de donar la vida vuelve al Padre, pero nos dice el Evangelio que no nos dejará huérfanos, no nos dejará solos.

El domingo pasado decíamos que retorna al Padre, pero en la casa del Padre hay muchas habitaciones con nuestro nombre que nos espera, que descenderá sobre nosotros para que también podamos recibirlo a este espíritu y amar al estilo de Jesús. Nuestra tarea es la de abrir sitio para que el Espíritu pueda trabajar en nosotros, poder dócilmente recibirlo, poder dejar que Él nos modele el corazón, nos transforme la mentalidad, nos cambie nuestro modo de amar y la manera de amar es, dice el Evangelio, cumplir los mandamientos. Los mandamientos son el gran regalo que nos dejó el Señor también como, como camino, como hoja de ruta que pretende ayudarnos en el ejercicio de nuestra libertad para vivir bien el amor, para que el amor no se nos desordene, para que no se vuelva un amor egoísta, narcisista o autocentrado. Amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente, con todo el espíritu y amar al prójimo.

Allí está centrado los mandamientos. Poder vivir hondamente esta experiencia de amar y de dejarnos amar por Dios. Sobre todo, no poner resistencia a la experiencia del amor de Dios, que es misericordia, que es sanación de las heridas, que es devolvernos la dignidad perdidas, que es regalarnos su Espíritu que que nos llena por dentro, que nos regala de su fuego para anunciarlo y que también quiere Dios permanecer en nosotros. Es curioso, no solo nos invita a nosotros permanecer en Él a través de la oración, los sacramentos, sino que nos dice que Él permanece en nosotros. Él también hace una alianza de amor con nosotros. Y cuando a veces en la vida nos perdemos o estamos alejados, Dios va a buscarnos. Nunca deja atrás este deseo, esta intención del amor. Él permanece junto a nosotros y hasta el final de nuestros días golpeará las puertas del corazón para que la podamos abrir a su amor. Así que quizás ya soy. La invitación es a no resistirnos a la experiencia de dejarnos amar, abrir nuestro corazón a la misericordia de Dios. Poder recibir el Espíritu Santo que trabaja en nosotros desde el bautismo. Poder, en definitiva, también reproducir y reflejar este amor que es una gracia linda a la cual estamos llamados en la vida a vivir. Y quizás una de las experiencias del amor o que refleja el amor es el amor de madre. Hoy en el día de la Madre, Amor que que es nutriente. Amor que contiene. Amor que cobija. Amor que dona la vida. Una madre entrega la existencia, la dona desde el mismo inicio. No olvidarse de sus hijos y. Y una madre siempre está. Siempre me edifica la experiencia en los momentos difíciles de los hijos. Como la madre está junto a un hospital acompañando en la cárcel, visitando cuando los hijos están presos y tantas otras dimensiones que nos muestran de este amor de madre perseverante, fecundo, sostenido en el tiempo que hoy podamos también agradecer el amor recibido de nuestras madres.

Perdonar si, quizás en esa experiencia vincular ha habido alguna fisura o ha habido quizás momentos de heridas mutuas para que podamos sanar esa experiencia también central en nuestra vida, que es el amor de madre. Y que podamos también en la Virgen reconocer la experiencia de nuestra Madre con mayúscula. Si por algún motivo no tenemos experiencia del Amor de Madre, que podamos descubrir en la Virgen, el amor maternal, que también siempre está, siempre acompaña, siempre sostiene que María, mujer de Esperanza, la totalmente abierta al Espíritu, está totalmente abierta a la gracia, la que supo estar, la que permaneció en el amor, la que nos enseña a amar, interceda por por cada uno de nosotros, por vos que estás escuchando esta celebración en tu enfermedad, en tu soledad, en tu postración, y puedas sentir que la bendición y el amor de Dios llega a ti. Que así sea. Así es.