Home»NOTICIAS»Mons. Antúnez: “Pidamos para este Domingo la gracia de que nuestra vida se vuelva eucarística, es decir, agradecida. Que nuestros gestos sean capaces de generar comunión, fraternidad, compasión, solidaridad y justicia”

Mons. Antúnez: “Pidamos para este Domingo la gracia de que nuestra vida se vuelva eucarística, es decir, agradecida. Que nuestros gestos sean capaces de generar comunión, fraternidad, compasión, solidaridad y justicia”

Compartimos la reflexión de Mons. Fabián Antúnez SJ, obispo de la Diócesis de San José de Mayo, compartida en el programa “Puerto de Encuentro” (Radio María 103.3 FM) y “Momento de reflexión” (Radio 41 AM 1360) (Domingo 11 de junio de 2023, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, CORPUS CHRISTI).

Un saludo muy grande para toda la audiencia. Celebramos este Domingo la festividad de Corpus Christi, el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se entrega, que se dona, que se ofrece por amor a cada uno de nosotros.

Recordamos aquella última cena que cambia definitivamente la historia. Aquella cena festiva se transformó de repente en un acto extremo de amor, en ofrenda de quien, vaciándose de sí mismo, se dona para darnos vida en abundancia. Resuenan en mi interior aquellas palabras del Señor ‘Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos’. El cordero pascual es sustituido por la carne del Señor y la alegría, el recuerdo memorioso de la liberación de los egipcios es una liberación aún mayor de nuestros egoísmos, de nuestros autocentramientos, de nuestras dinámicas de amor narcisista. Este pan que se entrega es el nuevo maná que nos abre a una dimensión trascendente en la vida. En esta festividad del Corpus Christi, el Señor nos invita a postrarnos ante su misterio de amor y contemplarlo con ojos extasiados. ¿Cómo vivimos en nuestra vida la dimensión de misterio de la Eucaristía? ¿Qué lugar ocupa en nuestra existencia, en nuestro proceso de fe, el celebrarla? ¿Tenemos deseos celebrativos?. La Eucaristía nos habla de ser vínculos, de comunión, de ser puentes en medio de la división. El Señor se coloca en medio de nosotros, nos da la gracia y la fortaleza necesaria para superar las fracturas interiores, para unificarnos por dentro, para limpiar la mirada y encontrar allí la fortaleza del perdón. La Eucaristía nos impulsa a sí mismo a la empatía, a la compasión. Frente a las hambres de nuestro mundo, se nos invita a dar nosotros de aquello que tenemos, hacer personas cántaros que den de beber a otros del agua viva del Señor. Personas que brinden asimismo hospitalidad, que agranden la mesa para que otros puedan sentarse al banquete del Reino.

Podemos preguntarnos si nuestras casas, nuestras comunidades, nuestras iglesias, son lugares de acogida y fraternidad. Solamente cuando somos capaces de salir de nosotros mismos por los demás. El milagro de la transformación y la saciedad es posible la imagen es la de la multiplicación de los panes. El sueño de Dios, de fraternidad para el mundo y de una mayor justicia en la distribución de los bienes de la tierra, pasa por aquellas manos solidarias que, olvidándose de sí mismos, son capaces de compartir. Allí podemos encontrar nítidamente el vínculo entre la Eucaristía y la solidaridad. En efecto, las primeras comunidades unían a la fracción del pan el compartir fraterno de los bienes y de las riquezas, tanto materiales como espirituales.

¿Cómo está entre nosotros la dimensión de solidaridad? ¿Cómo estamos viviendo la tensión entre la Eucaristía y la compasión? Celebrar la Eucaristía nos interpela a vivir más hondamente la justicia.

La Eucaristía también nos habla de camino espiritual, de itinerario interior en donde el Señor nos va curando las heridas de la vida y nos va devolviendo la esperanza. Este es el proceso de los discípulos de Emaús que encuentran en la Eucaristía el lugar de integración de sus dolores y una fuente nítida de esperanza. Al partir el pan, al compartirlo con los demás, renovamos el sentido profundo de cada uno de nuestros sacrificios y dolores en clave resucitada. Doy lugar a integrar en la Eucaristía mis dolores. Lamento allí mis pérdidas. Sano mis heridas. Comparto en el momento del ofertorio mi vida para que sea transformada. La Eucaristía es fuerza para los débiles, es alimento para los pecadores, es la misericordia de Dios que se nos regala y que nos invita a compartir su historia en clave de esperanza. Una concepción errónea la puede vincular a un alimento para los perfectos, para aquellos que internamente se sienten justos. Este pan que se nos regala constituye el viático que nos levanta de las caídas y nos empuja a seguir caminando. Hay familias que tienen rituales en torno a la mesa, que saben cuidar el encuentro, el diálogo y ponen en común lo que sucede en las jornadas. Allí, en esa mesa compartida, se honra la vida, se comparten los dolores y también se celebran las alegrías cotidianas. ¿Cómo son las mesas en nuestros hogares? ¿Existen momentos de encuentro, de diálogo, de comunicación?Pidamos para este Domingo la gracia de que nuestra vida se vuelva eucarística, es decir, agradecida. Que nuestros gestos sean capaces de generar comunión, fraternidad, compasión, solidaridad y justicia. Así nuestro testimonio cristiano será significativo y hará a otros preguntarse por el sentido de la esperanza. Y que el Señor nos bendiga. El que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.