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Ordenación Diaconal de Andrés Paredes en la Catedral

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Basílica Catedral de San José, Sábado 19 de noviembre a las 17 horas

Andrés Damián Peredes Muñiz mediante la imposición de manos y la plegaria de ordenación de Mons. Arturo Fajardo recibirá la ordenación Diaconal en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo, sábado 19 de noviembre de 2016 a las 17 horas en la Basílica Catedral y Santuario Nacional de San José. Para su ordenación diaconal ha elegido la frase del evangelio según san Juan: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”.

Andrés tiene 27 años, nacido en la ciudad de Montevideo el 8 de abril de 1989. Cursó sus estudios primarios en el Colegio y Liceo Sagrada Familia de San José, y Secundaria en el IDAE (Instituto Dr, Alfonso Espínola) Nº 1 en la ciudad de San José de Mayo.

Recibió el Bautismo un 3 de diciembre de 1989, su Primera Comunión el 1º de noviembre de 1999, y el sacramento de la Confirmación el 21 de noviembre de 2004, los tres sacramentos de iniciación cristiana en la Basílica Catedral de San José de Mayo.

Un 13 de febrero de 2009, ingresó al Seminario Mayor Interdiocesano “Cristo Rey” de la ciudad de Montevideo, con el objetivo de formarse para el sacerdocio.

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El Servicio Diocesano de Comunicación (DECOS) de la Diócesis de San José de Mayo le acercó algunas preguntas, a modo de ir conociendo el perfil del Seminarista que el próximo 19 de noviembre será ordenado diácono mediante la imposición de manos de nuestro Obispo diocesano, Mons. Arturo Fajardo, en camino al sacerdocio.

Los inicios de su vocación sacerdotal, la experiencia del Seminario, donde junto a otros jóvenes del país se forma para ser sacerdote, la Diócesis de la cual proviene, la Diócesis de San José de Mayo, las diferentes comunidades parroquiales y grupos que ha servido en estos años y seguirá sirviendo ahora en su camino como Diácono. Su afición por el carnaval y la murga, su gusto e interés por la historia, entre otros temas y su gran aprecio por la Liturgia, la cual define como “una herramienta sin igual para ayudar a otros a encontrarse con el Señor”.

En estas respuestas conoceremos la razón por la cual ha elegido como lema para su Ordenación diaconal una frase del evangelio de Juan (Jn. 3,30) “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” y de aquí en más los desafíos de ser diácono al servicio de la Iglesia y del pueblo de Dios que peregrina en San José y Flores. Al final le hemos acercado algunos nombres o temas para que, de forma sintética en pocas palabras, podamos conocer su punto de vista y opinión sobre ciertas temáticas y personajes.

Esta es la primera parte de la entrevista

Los inicios de la vocación sacerdotal
Se remontan a los años como alumno en el Colegio Sagrada Familia. La Primera Comunión me marcó mucho, ya que desde ese momento viví muy fuertemente el encuentro con Jesús en la Eucaristía. El testimonio de los Hermanos de la Sagrada Familia también fue importante. En esa época, en el colegio de San José había unos cuatro hermanos y dos aspirantes. Su entrega cotidiana y feliz me animó a preguntarme por qué no podía ser también para mí. El acercamiento a la Parroquia Catedral en la época del liceo, participar de grupo de jóvenes y ayudar en las misas como acólito, junto al testimonio de mi Párroco de aquél entonces, me animaron para que, ya siendo un poco más grande, volviera a plantearme la pregunta por mi vocación. Este cura, captó rápidamente mis cuestionamientos, aún sin haberlos manifestado, y fue importante que un día me preguntara si alguna vez había pensado en ser sacerdote, y cómo me imaginaba. A partir de ahí, con unos 16 años, comenzó un camino de búsqueda, de oración, retiros, no sin dificultades, cortes y distancias. Hasta que ya en el segundo año de Facultad de Economía, en 2008, sentí con más fuerza que nunca el llamado del Señor, y ya no pude decir que no.

La experiencia del Seminario
Hoy puedo decir que el Seminario ha sido como una familia, mi casa por 8 años. Un lugar de amistad y de crecimiento. La experiencia de compartir con seminaristas de todo el Uruguay es muy enriquecedora. Uno se forma allí no solo intelectualmente, para mí fue una escuela de espiritualidad sacerdotal. Los años de estudios teológicos (los últimos cuatro), han sido tiempos muy lindos de mi vida. El rector, Mons. Milton Tróccoli, es realmente un padre y pastor que cree en nosotros y nos alienta y sostiene en el seguimiento de Cristo Buen Pastor. Allí aprendí que el Seminario es lugar de esperanza para nuestra Iglesia, que todos los cristianos debemos rezar por las vocaciones y comprometernos a acompañar y proponer esta vocación al igual que otras. Una de mis mayores alegrías fue la concreción de un espacio de puertas abiertas para los jóvenes, donde pudieran encontrarse con Jesús, conocer el Seminario y hacer amistad con los seminaristas, este evento lleva el nombre de “Solo Dios Basta”.

La Diócesis de San José de Mayo. Las parroquias. Las tareas pastorales
La Diócesis de San José de Mayo es, sin duda, mi casa, mi tierra, donde mis raíces están echadas. Es la porción concreta del Pueblo de Dios a la que me siento llamado a servir, ya que allí fue donde recibí el don de la fe y donde a través de tantos me encontré con Cristo. En estos años me ha tocado recorrer gran parte de la Diócesis: hasta los 18 años, vinculado a la Parroquia Catedral, los 2 años previos a entrar al Seminario integrado a la Comunidad de la Parroquia de Fátima (Barrio Colón de San José). O sea que mis orígenes geográficamente fueron en el centro de la Diócesis. Los primeros cuatro años de Seminario me tocó hacer la experiencia pastoral los fines de semana y vivir un año entero en la zona este, Parroquia de Rodríguez, y desde allí también estuve vinculado a la Parroquia de Capurro. Luego, estuve un año en la Parroquia de Luján en Trinidad, al norte de la Diócesis, y por último, estos últimos 2 años, los he compartido con la comunidad de la Parroquia de Ecilda Paullier, al oeste de la Diócesis. En todos los lugares por lo que he pasado he cosechado amistades y me he enriquecido de hermosos y fuertes testimonios de fe. Cada Párroco me ha mostrado distintos estilos de acompañamiento pastoral y, más allá de las diferencias de lugares y de actividades, en cada parroquia me han hecho sentir en casa. Las tareas pastorales han sido de lo más variadas, desde acompañar jóvenes y adolescentes, hasta catequesis de adultos, pasando por oficina parroquial, ministerio de los enfermos y de la esperanza, liturgia, etc.