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ITE AD JOSEPH | La devoción de los maragatos a San José

LA DEVOCION DE LOS MARAGATOS A SAN JOSÉ
ITE AD JOSEPH
BLANCA COLLAZO – MICHEL PRINCE

El culto y la devoción a San José, tiene tantos años como nuestra ciudad, es decir se remonta a la fecha de la fundación, el 1 de junio de 1783.

Probablemente, aquellos primeros habitantes, ya traían junto a sus equipajes, una primitiva imagen del Santo a estos pagos del “Arroyo de San Joseph”.

UN HALLAZGO

La reproducción digital, de una foto del archivo del Instituto Histórico Cultural y Museo de Bellas Artes de San José, que se conserva en esa prestigiosa institución, y puesta en evidencia por la Escribana Mónica Perroni, nos ha colocado en la pista de la que tradicionalmente se consideraba la imagen fundacional de la Villa de San Joseph. Testigos oculares que vivieron la etapa de párroco de Mons. Di Martino, aseguran que la citada fotografía corresponde a la imagen que se conservaba en el antiguo museo parroquial junto a otras imágenes de la primera época y a varios enseres que fueron también patrimonio del primer templo.

PISTAS QUE COINCIDEN
Según varios testimonios la imagen tenía una particularidad muy poco común en la iconografía conocida del santo, ya que se lo representaba calzando botas, tal como lo muestra la fotografía. Sabemos también por un registro escrito de la época, que la talla medía aproximadamente un metro y veinte centímetros de alto (1,20 m), característica que puede verificarse también en la fotografía.

El boceto que se presenta aquí, basado en la citada fotografía, pretende acercarse a la representación de la imagen patronal y fundacional de aquel “San José de Botas”.

SAN JOSÉ DE BOTAS
San José de Botas, es una advocación propia de los portugueses (brasileros). Su imagen, se colocaba en la entrada de las fortalezas portuguesas y en sus capillas. Las botas, hacían referencia a la condición de peregrino de José durante la huida a Egipto para proteger al Niño.

Era el patrono de los “bandeirantes”.

De inmediato se destinó un lugar para la primera capilla, una construcción rústica, con techo de paja. Esta sirvió durante veinte años, hasta que fue remplazada por templo.

Perfil y elevación de la iglesia proyectada para San José, por Bernardo Lecocq, el 26 de setiembre de 1795
Así la registraba Juan Manuel Besnes e Irigoyen en uno de sus dibujos, allá por el ano 1856.

La veneración de San José tiene hondas y firmes raíces en este suelo, a pesar de las transformaciones sociales, culturales y eclesiales que pudieron haber desviado la atención de este núcleo de la fe popular.

Con la profunda emoción de la fe, volvemos hoy a proclamar: aquí está San José, como parte íntima de nuestra historia familiar y social, como testigo de nuestros pasos, como esposo castísimo de la Virgen María, como padre del hogar de Nazaret y como camino de su hijo Jesús. ¿Sabemos apreciar esta Bondad de Dios al concedernos tan insigne Protector?

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