Home»DIÁCONOS PERMANENTES»Diáconos Permanentes renuevan sus promesas

Diáconos Permanentes renuevan sus promesas

Basílica Catedral de San José, Domingo 11 de agosto a las 19 horas

El Domingo 11 de agosto, Mons. Arturo Fajardo presidirá la Santa Misa en la Basílica Catedral de San José a las 19 horas. En la celebración los Diáconos Permanentes de la Diócesis renovarán sus promesas, que hicieron en el día de su Ordenación.

La renovación se hace en el contexto de la Fiesta de San Lorenzo, patrono de los diáconos, que se celebra cada 10 de agosto. Esta renovación del diaconado se realiza todos los años y consiste en renovar las promesas diaconales de obediencia al Obispo y de compromiso con la Iglesia. La renovación en el compromiso que adquirieron al recibir el sacramento del orden, de la misma manera que los presbíteros, cuando renuevan sus promesas en la Misa Crismal en Semana Santa.

DIÁCONOS PERMANENTES EN LA DIÓCESIS
En la Diócesis de San José de Mayo hay tres Diáconos Permanentes:

  • Ruben Velázquez, ordenado el 3 de octubre de 2009
  • Juan Carlos Curcho: ordenado el 17 de noviembre de 2012
  • Raúl Castro: ordenando el 17 de noviembre de 2018

Los Diáconos Permanentes ejercen su ministerio en la Parroquia Catedral de San José de diversas formas, entre ellas acompañando y animando la vida de las comunidades de algunas capillas que se reúnen en los barrios de la ciudad de San José de Mayo.

DIÁCONO PERMANENTE
Un diácono, es un servidor, según su acepción griega. Dentro de la Iglesia Católica existen dos tipos de diáconos: Diácono transitorio (paso previo a la Ordenación Sacerdotal) y Diácono permanente.

El Diácono permanente es un tipo de ministerio que puede ser conferido a hombres casados pero especialmente comprometidos con su comunidad y fe católica.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica: “corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al Obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1570).

Un diácono puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar. No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

SAN LORENZO
El testimonio de este santo mártir, nacido en España en la primera mitad del siglo III, está caracterizado por la piedad y la caridad. El Papa Sixto II, tras su elección, le confía la tarea de archidiácono. Como responsable de las actividades caritativas en la diócesis de Roma, San Lorenzo administra los bienes y las ofertas para ayudar a los pobres, huérfanos y viudas.

Custodio de los “tesoros de la Iglesia”
En su juventud, su camino fue truncado por el drama de la persecución: en el año 258 d.C. se proclamó el edicto del emperador Valeriano por el que todos los obispos, presbíteros y diáconos deben morir. San Lorenzo fue capturado junto a otros diáconos y al Papa Sixto II. El Pontífice fue asesinado el 6 de agosto. El emperador prometió a Lorenzo que salvaría su vida si le entregaba “los tesoros de la Iglesia”. El Santo  mostró al emperador los enfermos, indigentes y marginados. Estos, afirmó, son los tesoros de la Iglesia. Cuatro días más tarde, el 10 de agosto, también san Lorenzo fue martirizado.

Quemado vivo en una parrilla
Según narra una antigua “pasión” recogida por san Ambrosio, san Lorenzo fue quemado en una parrilla. San Ambrosio, en el “De Officiis”, imagina un encuentro entre Lorenzo y el Papa Sixto II camino del martirio. En el encuentro, Lorenzo dice: “¿Dónde vas, padre, sin tu hijo? ¿Hacia dónde te apresuras, santo obispo, sin tu diácono? Tú nunca ofreciste el sacrificio sin tu ministro. ¿Qué te disgustó de mí, padre? ¿Tal vez me consideras indigno? Ponme a prueba, para ver si has escogido un ministro indigno para la distribución de la Sangre del Señor. ¿Negarás a aquel que admitiste a los misterios divinos que sea tu compañero en el momento de verter la sangre?

Del martirio a la gloria
Su martirio fue una prueba suprema de amor. San León Magno, en una homilía, comenta de esta manera el suplicio de san Lorenzo: “Las llamas no pudieron vencer la caridad de Cristo; el fuego que lo quemaba era más débil que el que ardía en su interior”. Y agrega: “El Señor quiso exaltar hasta tal punto su nombre glorioso en todo el mundo, de Oriente a Occidente, que la misma gloria que vino a Jerusalén a causa de Esteban, tocó también a Roma por mérito de Lorenzo”.

FUENTE: https://www.vaticannews.va/es/santos/08/10/s–lorenzo–diacono-y-martir.html